¡COMO LOLITA TE ESCRIBO MI CLOU!
Muchas veces pensamos que el dolor viene de afuera cuando, en muchos casos —aunque no en todos—, el dolor nace desde adentro. Viene disfrazado de un padre ausente o de una madre más preocupada en buscarse a sí misma como mujer; buscando un cálido «alud» que le brinde, en su intimidad, salud y una sonrisa amplia… descuidando el tesoro.
Casi todos, por amor al arte o por curiosidad, conocen lo que es Lolita, ya sea como novela o película. Incluso en el anime se habla de Lolikon por esa estética de mujer que, por más que crezca y acumule años, se ve como un hada mágica infantilizada debido a una falta de volumen muscular y a un aire de fragilidad falso, pues son mujeres hechas y derechas.
Para mí, eso ya no es Lolita, es Pixidoll (Pixi: hada o duende travieso + Doll: muñeca pequeña de porcelana, pero muy estética). Por lo tanto, para mí, Clorinda Quiroga es la perfecta Pixidoll; una condición que la seguirá hasta el fin.
Esta es la historia de una mujer que, en su juventud, tiene que lidiar con la ausencia permanente de un padre que no ve y que no aporta. También de una madre que es más mujer que progenitora y, claro, de un hombre que intenta ser santo, pero que, como todo hombre maduro, tiene un recorrido que se traduce en traumas. ¿Qué podrá más: sus principios y su santidad, o sus intentos de encontrar un amor bueno y verdadero?
Aquí, Charlotte Haze = Orbe Quiroga. Orbe no es solo decorativa; es una mujer que siente y defiende su posición. La trama se centra en las vivencias naturales de una mujer en la posición de Clorinda Quiroga, bajo la voz que la sigue desde el futuro: un ser que la conoce muy bien. Ella tiene, en su historia presente, a un santo que intenta perseverar a pesar de ser un hombre roto.