Santos de Ninguna Iglesia.
Para Aldric, un muchacho marcado por el hambre y una bendición dual que la Iglesia consideraría una abominación, la vida se reduce a la sumisión. Secuestrado por el capricho de la joven reina Ekaterine, quien busca consuelo en la extraña naturaleza de su voz, Aldric es arrojado a una corte hostil donde cada mirada juzga y la etiqueta real es solo otra forma de opresión. Debe aprender a callar, a agachar la cabeza y a ocultar que su garganta alberga el poder de dar la vida... y de arrebatarla.
Allí, entre pasillos silenciosos y miradas de reproche, sus pasos se cruzan con los de un príncipe, un alma rota por la tiranía de un Rey que ejecutó a su madre bajo falsos testimonios. Lo que comienza como un choque de resentimientos y mundos opuestos pronto se transforma en una alianza peligrosa. A ambos los une el mismo deseo desesperado: ver al Rey muerto.
En un siglo XIX gobernado por el inflexible Orden de una iglesia implacable, el lazo que surge entre el príncipe y el sirviente es un delirio sin nombre que desafía las leyes de los hombres y de sus deidades. Un impulso que se niegan a aceptar, pero del que no pueden escapar.
-"Su Alteza debe detenerse. El Sínodo es claro en sus escrituras: las almas que buscan el mismo reflejo están condenadas a la Sombra eterna. No somos más que dos hombres desafiando el Orden del Arquitecto."-La voz de Aldric era ronca, cargando una culpa más pesada que cualquier roca.-
-"¿El Orden, dices? El Orden es la mentira con la que mi padre tiñó de sangre el cuello de mi madre en el cadalso." -Una sonrisa amarga y fría se pintó en el rostro de Myron.-"Si el Dios de este reino bendice la crueldad de mi padre, prefiero mil veces la condena de tu Abismo que la pureza de sus altares."