La Noche que me Fui, Él se Volvió Gris
Después de cuatro años de matrimonio, cuando aquella deslumbrante mujer regresó, Leila Jennings finalmente comprendió que la castidad y la gélida indiferencia de su esposo no eran parte de su naturaleza.
Él le daba 417 al mes para sus gastos, pero derrochaba 417,000 en su antiguo amor.
La diferencia entre ser amada y no serlo era dolorosamente obvia.
Sean Sinclair dijo que no podía soportar que su antiguo amor quedara atrapada en las trivialidades del matrimonio, que apagarían su brillo perlado, ¡pero quería que ella dejara su trabajo para ser ama de casa, convirtiéndose voluntariamente en un opaco ojo de pez!
Pero lo que Sean Sinclair no sabía era que ella, Leila Jennings, no era una empleada subalterna cualquiera...
Durante los cuatro años que estuvo a cargo de un proyecto de investigación científica confidencial a nivel nacional, su rango era tan alto que incluso su antiguo amor solo estaba cualificada para ser su asistente.
Lo que aún menos sabía era que el documento que había firmado despreocupadamente era el acuerdo de divorcio que pondría fin a su relación.
Un mes después.
Su identidad como titán de la investigación científica fue revelada y los papeles del divorcio fueron entregados a Sean Sinclair.
El normalmente amable y cortés Presidente Sinclair rompió los papeles del divorcio, su expresión cambiando de la incredulidad a una furia de ojos enrojecidos.
"Además de mí, ¿quién querría a una mujer divorciada?"
Sin embargo, fue él quien se hizo el duro, y también fue él quien se arrodilló, suplicando volver a casarse con ella.
Cuando se reencontraron, Leila Jennings iba del brazo del jefe de una de las familias más ricas y prestigiosas, y la mirada que le dirigió a su exmarido ya no contenía ni un rastro de emoción.
El señor Cole enarcó una gruesa ceja, mostrando el certificado de matrimonio con su nueva esposa: "Presidente Sinclair, tenga un poco de decencia. Diríjase a ella como... la señora Cole."