Viggo salió del cuadro pintado de la contemplación y vio la habitación oculta en el subterráneo con los otros cuadros pintados que había hecho él para sus esposas. Al mismo tiempo, sus esposas lo esperaban afuera.
Semiramis estaba sentada en una silla con Uriel entre sus brazos. La pequeña bebé pelirroja lactaba en ese momento y mantenía sus manos sobre el seno de Semiramis. Rosewisse también estaba sentada en una silla sin respaldo para que no incomodara sus alas blancas. Ella tenía a Bell en sus brazos mientras el pequeño de cabello blanco dormía.
Del lado de Semiramis estaba Scheherezade mientras que del lado de Rosewisse estaba Sakura, Ana y Tsubaki.
Por otro lado, todas ellas ponían una expresión de preocupación. Viggo las vio, mostro una pequeña sonrisa y avanzó hasta detenerse a un metro de Semiramis y Scheherezade.
—¿Todo bien?— preguntó Semiramis mientras el resto de las esposas lo miraban
—Todo bien, amor— dijo Viggo —sin problemas, al contrario, me siento mejor que nunca—
Semiramis tomo una profunda respiración sintiéndose más segura y agradecida. Fue bastante chocante verlo entrar al primer cuadro y salir muerto de miedo y con una actitud tan frágil. Después fue aterrador cuando salió del segundo cuadro pintado. Viggo emitía un terrible espíritu combativo que parece que atacaría a cualquiera que se le acercara. Sin embargo, ahora Viggo emitía un aire más tranquilo de lo usual.
—¿Puedo?— preguntó Viggo tendiendo sus manos para abrazar a Uriel
Semiramis negó con la cabeza y le dijo —no, primero date un baño. Estás todo sucio con tierra y apestas—
Viggo se miró y por fin fue consciente de las manchas de tierra. Era cierto, cuando estaba en el cuadro pintado dormía en la tierra húmeda sin preocuparse por nada. Era tan blanda y cómoda que no perdía con su colchón hecho de los materiales más finos.
—Lo entiendo— respondió Viggo con una pequeña sonrisa, el resto de sus esposas se rieron y Rosewisse soltó un comentario molesto, pero que solo hizo sonreír a Viggo.
Después de salir del subterráneo, cada una de las esposas se fue a realizar sus propias cosas. Viggo parecía estar bien, pero Rosewisse se quedó a su lado ya que, si entraba en algún tipo de crisis, ella sería la única capaz de detenerlo. A su vez, Semiramis se quedó con Uriel y Bell, pero como Viggo estaba bien, le pidió que se preparara para la noche. Ella tenía una cena importante con la hermana de Siegfried y uno de los emisarios del imperio.
Viggo salió del baño con una toalla cubriéndole la cintura mientras Rosewisse lo esperaba en un largo sillón de tres cuerpos mientras leía. Ella le dio una breve mirada, cabello rojo lacio por la humedad, cuerpo firme y tonificado. Sin embargo, diferente de cómo se veía antes, ahora parecía haber obtenido un poco de volumen y verse más robusto. Rosewisse se levantó de su sillón y siguió Viggo.
Por su parte, Viggo camino hasta un espejo de cuerpo completo, se quitó la toalla y contemplo su imagen. Asintió con calma como si aprobara su propio aspecto. Poco a poco estaba dejando de ser un muchacho y tomando el aspecto de un adulto. Lo pensó un poco y se dio cuenta que, en tres meses, con las tres veces que se sumergió en las pinturas, él envejeció un año. Su rostro no parecía haber cambiado mucho. Así que se preguntó si él, a pesar de ser un semi dios, sería igual que su madre y se vería por siempre joven. Bueno, también tenía la sangre de su padre; un elfo vivía mucho tiempo. No obstante, las manos de alguien deslizándose por sus costillas hasta abrazarlo interrumpieron su pensamiento.
—Como lo pensé— susurro Rosewisse a Viggo al oído —estuviste entrenando ¿verdad? No tenías que meditar o algo así ¿Vale ese entrenamiento?—
—Es correcto— dijo Viggo con voz ronca y seductora. Llevo sus manos sobre las manos de Rosewisse y las soltó. Él se dio la vuelta y quedó mirando a Rosewisse a los ojos —contemplar no es necesariamente meditar, pero es parecido. Sin embargo, creo que ahora entiendo la intención de mi tía Hera, padre y abuelo era enseñarme a meditar— las manos de Viggo se dirigieron a los hombros de Rosewisse y los acaricio con delicadeza —en el primer cuadro no tenía otra opción, el espacio no permitía hacer nada más, pero creo que ahí fue donde falle porque en lugar de meditar, me puse a recordar todo lo que me daba miedo en el pasado, cada cosa, cada momento, cada situación. Mi corazón se llenó de miedo y cayó en un círculo infinito de temor por ciento veinte días— él acercó su rostro al de Rosewisse y le dio un pequeño beso en la comisura de los labios, suave e íntimo —después vino el segundo cuadro que me lleno de estrés y una actitud combativa, me ayudo a romper el ritmo de mis pensamientos, obligándome a tener una mente que se concentrara en el presente y luchara contra todos los enemigos que emergían. Por último, en el cuadro de la contemplación vi mis pensamientos, vi mi forma de luchar, vi lo que quería lograr y contemple todas esas cosas y a medida que las hacia teniendo una mente enfocada en el presente, las mejore. Tome algunas decisiones—
Rosewisse estaba hipnotizada mirando los ojos de Viggo, escuchando como él le hablaba con una voz lenta, roca y seductora, con plena seguridad en lo que decía. Ese beso en la comisura de los labios le produjo un cosquilleo agradable. Ella sonrió y le quiso dar un beso apasionado, pero su cerebro se concentró en la última frase de Viggo y preguntó —¿Qué decidiste?—
—Dejare de utilizar touki y la bendición del sol—
—¡¿Qué?!— grito Rosewisse
Viggo soltó una risita juguetona al ver como el rostro de Rosewisse, delicado y hermoso, tomo una expresión de preocupación. Viggo llevo su mano derecha a la mejilla de Rosewisse, le acaricio con suavidad y le dijo —no soy mi padre, soy Viggo, un semi dios. Ya no soy un niño que se deje llevar por sus emociones y pensamientos superficiales. De ahora en adelante ocupare mi clarividencia hasta convertirlo en una divinidad. También ocupare el poder que me concedió la tía Hera, luz solar. Entonces, con la combinación de ambos, me volveré invencible—
—Pero— protesto Rosewisse, sumamente preocupada. Por su mente pasaba la imagen de Viggo cuando estaban en el santuario de los Jotnar, en la cima de la montaña y Thor lo golpeo con su martillo, casi matándolo en el proceso.
—Tranquila— dijo Viggo, le dio un pequeño beso en los labios y continuo —todas esas cosas son un complemento. El real poder vendrá de la técnica y el conocimiento. Soy hijo de mi padre, no puedo ser menos que él—
—Viggo…— dijo Rosewisse con un tono de voz suplicante. Viggo solo sonrió, la guio a la cama e hicieron el amor. Rosewisse no pudo defenderse de las caricias y besos de Viggo. Todo se sintió más apasionado e intoxicante que de costumbre.
Por la tarde, Viggo se vistió con las ropas de noble que tanto le gustaban a Semiramis y Scheherezade. El pañuelo blanco en el cuello, la chaqueta sin mangas por debajo, el abrigo que se extendía hasta las rodillas, el pantalón de tela y las botas de cuero. Completamente de negro, hecho de una tela sedosa y cómoda con bordados blancos en los bordes.
Viggo camino en compañía de Rosewisse por el pasillo hasta la habitación de Semiramis. Ambos se detuvieron en la puerta, Viggo golpeo un par de veces y Semiramis contesto que pasaran desde el interior. Viggo y Rosewisse abrieron la puerta y al entrar, vieron a Semiramis desnuda frente a la cama, con su trasero levantado y mirando a alguien en la cama. Viggo se quedó mirando ya que todo estaba a la vista. Rosewisse a su lado le dio un codazo, pero Viggo solo sonrió y camino hasta ponerse al lado de Semiramis. Esta última miraba a Uriel recostada sobre la cama. La pequeña pelirroja también estaba desnuda, pero porque le estaban cambiando el pañal.
—No creo que vayas a ir a la cena tan al natural— dijo Viggo con un toque de broma
—Jaja— respondió Semiramis con voz seria —no es mi culpa que tu hija se le ocurra hacerse en el momento menos oportuno. Estuvo toda la tarde de los más tranquila y ahora que me tengo que cambiar de ropa se le ocurre hacerse. Ya verás jovencita, tendrás muchas horas de estudio, sobre todo de lo que menos te guste. Esta batalla no terminara así—
—Buuuuu— balbuceo la pequeña Uriel, de cabello rojo y fino. Ella solo sonreía con diversión mostrando sus encías.
—Bueno, parece que ella está bien— añadió Viggo —parece que salió a su madre y ningún reto la asusta—
Semiramis le dio una palmada en la pierna a Viggo, pero sonrió.
—Ve a cambiarte de ropa, yo me quedó con esta jovencita—
—No puedo— dijo Semiramis —alguien más ocupa mi baño—
Entonces, desde el final de habitación, donde estaba la puerta de acceso a un amplio y glamoroso baño, salió Scheherezade, también desnuda y cargando a un bebé de cabello blanco. Dicho bebé era Bell y casi se perdía entre los enormes senos de Scheherezade.
—¿Te ayudo?— preguntó Viggo con una sonrisa en los labios y las manos tendidas
Scheherezade negó con los ojos cerrados, fue al otro lado de la cama en contraposición de Uriel y Semiramis. Recostó a Bell en la cama y dijo —no, es mejor que no. Cierta persona ha tomado por costumbre orinar a las personas—
Bell, pequeño, de cabello blanco, soltó un soplito y produjo burbujas de saliva. Scheherezade soltó una risita y añadió —ya me ensucio la ropa que tenía preparada para la cena. Tendré que buscar otra. Así que, mejor quédate lejos, Viggo, no vaya a ser que este muchacho también te orine. Siempre lo hace, sobre todo cuando le van a colocar el pañal—
—Entiendo, gracias por tu paciencia, Scheherezade— dijo Viggo soltando un suspiro
—No hay problema, si no fuera porque se hace cuando lo están cambiando, Bell sería perfecto. No llora casi nunca, duerme mucho, es risueño y lindo—
—Scheherezade— dijo Rosewisse —déjame ayudarte, yo no tengo que ir a ningún lado—
—Eso sería de mucha ayuda— dijo Scheherezade, se alejó de Bell y fue a un mueble para buscar la ropa del bebé. Después los dejo sobre la cama al lado derecho de Bell y Rosewisse tomo el mando.
Scheherezade camino hasta Viggo, ella miró la ropa de este último y vigilo que todo estuviera ordenado. Viggo miró el cuerpo de Scheherezade, voluptuoso y tentador. La piel morena, esos labios gruesos y los ojos verdes con una mirada lánguida que la hacía ver naturalmente sensual. Scheherezade paso sus manos por el abrigo y después lo miró a los ojos. Ella mostro una pequeña sonrisa coqueta, se acercó y le dio un beso en la comisura de los labios. Después lo tomo de la mano y camino a la puerta que conectaba su habitación con la de Semiramis.
—Lo estoy tomando prestado— dijo Scheherezade
Semiramis enderezo su espalda y la quedó mirando —no tenemos tiempo— dijo
—Sí, lo sé, no haremos nada— dijo Scheherezade —es solo que necesito ver mis otros vestidos y colocarme uno acorde a la situación. Quiero que Viggo me vea—
Semiramis soltó un suspiro, negó con la cabeza y se dedicó a cuidar de Uriel, quien se chupaba el dedo pulgar mientras un hilillo de saliva caía por la comisura de sus labios.
La cena era a las nueve de la noche y a las ocho con cuarenta minutos habían llegado los invitados. Cuando el gran reloj en la habitación toco las nueve, la puerta de la sala de estar se abrió y Viggo con Semiramis y Scheherezade, entraron dando la mejor imagen posible. En el interior había diez personas esperándolos, entre ellos Sigfried que vestía ropas de noble y su hermana Erica, quien desafiaba las normas de la sociedad noble y vestía como hombre.