Ashleigh despertó en una cama del hospital.
Estaba aturdida y débil, pero su mente no la ayudó a despertar con calma. En cambio, le trajo el recuerdo de Caleb frente a ella, luchando contra un lobo pícaro.
«Debo encontrarlo», pensó, «necesito entender».
Se sentó y fue detenida de inmediato.
—¿A dónde crees que vas? —dijo la severa voz de Fiona mientras presionaba los hombros de Ashleigh, guiándola nuevamente hacia la cama.
—¿Fiona? —Ashleigh preguntó, sorprendida de verla sentada a su lado.
—¿Qué? —preguntó Fiona—. ¿No puedo visitarte cuando estás en el hospital?
Ashleigh miró a su alrededor, tratando de encontrar algún indicador de tiempo.
—El ataque fue hace dos noches —dijo Fiona—. Has estado entrando y saliendo de la conciencia y luchando contra una fiebre.
Ashleigh suspiró.
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