Para Valker, vivir nunca fue sencillo.
Entre el desprecio de su familia, el aislamiento y un dolor que parecía no terminar nunca, solo las palabras de su abuelo lograron impedir que se quebrara por completo.
A los dieciséis años huyó.
No sabía que aquel paso lo arrancaría de su mundo y lo arrojaría a una realidad donde la muerte no siempre significa el final, donde la identidad puede romperse y donde incluso los recuerdos tienen peso.
Con el tiempo, Valker desapareció.
Null ocupó su lugar.
Ahora avanza a través de un cosmos fracturado por verdades demasiado antiguas para ser comprendidas, cargando heridas que ni la inmortalidad puede cerrar y recuerdos que quizá fueron olvidados por una razón.
Porque algunas cosas sobreviven al paso de los siglos.
Otras sobreviven incluso al olvido.
Y cuando ambos caminos terminan encontrándose, la pregunta deja de ser quién fue Valker.
La pregunta es qué queda de alguien después de perderlo todo.