Lunas de Ceniza
Entre los límites de la ciudad de Alderon y el Bosque de Ceniza, donde las raíces guardan secretos que ninguna bruja se atreve a pronunciar y la luna observa cada paso como un ojo antiguo y vigilante, una joven de diecisiete años descubrirá que su destino no pertenece al mundo humano… ni al mundo lobo.
Pertenece a algo mucho más oscuro.
Lya Moreno solo quería encontrar a su amiga desaparecida. Pero lo que halla en el bosque —un cuerpo mutilado, un lobo plateado agonizante y otro que se transforma ante sus ojos— la arrastra a una guerra ancestral entre manadas, brujas y desterrados, una guerra que comenzó mucho antes de que ella naciera.
El bosque la reclama.
Kael Ravenwood, el alfa desterrado, carga con la culpa de un crimen que no cometió y con una marca que lo une a Lya de una forma que ni la muerte puede romper. Su lobo la reconoce antes que su mente, como si su alma hubiera estado esperando la llegada de esa energía desde siempre.
Adrian Blackthorn, el beta rival, la desea tanto como la teme. Ve en ella la llave para ascender, el arma perfecta para destruir a Kael y reclamar el poder que cree merecer. Y está dispuesto a romper cualquier juramento para tenerla.
Pero el verdadero peligro no viene de Kael ni de Adrian.
El verdadero peligro llega cuando la luna tiembla, cuando la magia se quiebra, cuando el aire se vuelve pesado… y Draven, el Alfa Supremo de los Desterrados, aparece después de medio siglo de silencio.
Draven no es un alfa cualquiera.Es el rey exiliado, el lobo más antiguo, el guerrero que gobernó sobre todas las manadas antes de que su poder desatara una guerra que casi destruye el mundo lobo. Durante cincuenta años ha buscado a su Luna, la única mujer capaz de completar su poder, de equilibrar su oscuridad, de devolverle el trono que perdió.
Y cuando siente a Lya, cuando reconoce en ella la vibración exacta que ha perseguido durante medio siglo, la reclama como suya.
Entre la ciudad y el bosque, entre la razón y el instinto, entre la protección, la obsesión y la posesión, Lya deberá elegir a quién creer… y a quién temer.
Porque en Alderon, el amor puede ser una maldición, la sangre puede ser un arma, y cada luna nueva trae consigo una nueva traición.