Escapé de la jaula, pero las yanderes me encontraron
Cyrus Calder nunca debió escapar.
Como un Frostborn varón, es más que raro, lo suficientemente valioso como para ser protegido, estudiado, cazado y encerrado por personas que llaman amor a su obsesión. Tras años dentro de una jaula construida con preocupación, deber y secretos de linaje, Cyrus finalmente huye.
Ahora vive en Grayhaven, una tranquila ciudad costera donde el mar se siente lo suficientemente cerca como para prometer libertad. De día, se esconde tras un pelo desordenado y un uniforme académico anodino, solo otro estudiante de último año cansado que se duerme en clase de matemáticas. De noche, trabaja en The Full Moon Lounge, ganando propinas, ahorrando cada dólar y probando todos los placeres ordinarios que una vez le fueron negados.
Comida barata. Un apartamento pequeño. Un sueldo. Un paseo junto al agua.
Para Cyrus, eso es el paraíso.
Pero la libertad es frágil cuando demasiadas mujeres saben lo que él es.
Su serena compañera de clase empieza a observarlo como un misterio que se propone resolver. Su elegante compañera de trabajo trata la amabilidad como algo que puede convertirse en posesión. La preocupación de su profesora y casera se acerca demasiado a su puerta. Una detective de policía dice que solo quiere protegerlo, pero de alguna manera siempre sabe dónde ha estado. Y en algún lugar, detrás de todas ellas, espera la mujer que le puso un anillo en el dedo, un anillo que no puede quitarse.
Cyrus tiene una defensa fiable.
"Perdí la memoria."
Es una mentira limpia. Una mentira útil. Una mentira que mantiene a raya las preguntas.
Hasta que la palabra equivocada lo hace estremecerse.
Hasta que las mujeres se dan cuenta de que su actuación fría e inofensiva está llena de grietas.
Hasta que el Frostborn fugitivo aprende que escapar de la jaula fue solo el principio.
Porque las mujeres que lo encontraron no quieren venganza.
Lo quieren de vuelta.
Y esta vez, planean asegurarse de que nunca vuelva a huir.