Canto de Ceniza y Oxido
En la Ciudad-Fortaleza de Oram, el cielo es un privilegio y la magia, un monopolio.
Arriba, en las plataformas flotantes bañadas por el sol, la aristocracia canaliza la "Sinfonía del Éter", un poder arcano y limpio que les otorga el estatus de dioses intocables. Abajo, en la oscuridad perpetua del Estrato Ceniza, los plebeyos mueren tosiendo el hollín de las fábricas que mantienen a esos dioses en el cielo.
Garek no era nadie. Solo un joven minero más en las entrañas de las fundiciones, hasta que la negligencia de un noble provocó una explosión etérica que redujo a su familia a sombras en la pared. Garek sobrevivió, pero el fuego arcano le arrebató el brazo izquierdo y el ojo derecho, dejándolo como un despojo arrojado a las fosas comunes.
Cuatro años después, Garek sobrevive en los callejones más pestilentes de Oram como un exterminador de bajo nivel, usando un cuerpo asimétrico, un gancho oxidado y una mente afilada por la paranoia. Pero la herida de su muñón ha comenzado a pudrirse con magia necrosada. La única cura es un elixir que cuesta más de lo que un plebeyo ganaría en diez vidas.
Acorralado por la muerte, Garek acepta un contrato suicida: emboscar y sabotear a un convoy militar de la élite. Manco, tuerto y sin una gota de magia en la sangre, no puede ganar por la fuerza. Tendrá que usar la arquitectura de los barrios bajos, trampas químicas, emboscadas asfixiantes y una inteligencia letal para cazar a quienes se creen invencibles.
Los dioses de Oram están a punto de descubrir que, a veces, la escoria que arrojas a la fosa aprende a trepar de vuelta. Y viene hambrienta.