mi poder despertado eso olímpicos
Aren Valther murió a los 20 años.
Una enfermedad incurable acabó con su vida lentamente. Sin poder luchar, sin poder cumplir sus sueños, su historia terminó en una cama… hasta que abrió los ojos en otro mundo.
Un mundo donde humanos conviven con bestias mágicas, óvulos colosales, esqueletos conscientes, duendes, elfos y criaturas nacidas de la magia. Aquí, la fuerza define el destino de cada persona.
Y Aren reencarnó con el mismo nombre.
En este mundo existe la Ceremonia del Despertar, un ritual donde cada joven recibe una bendición divina que determina su futuro: magia elemental, habilidades físicas extraordinarias, invocaciones o talentos únicos otorgados por los dioses de ese mundo.
Antes del ritual, Aren investiga sobre la historia y descubre los registros sagrados que describen a las verdaderas deidades de ese plano:
Eryndor, Dios del Firmamento Carmesí
Vaelmyr, Señor del Mar Profundo
Tharvok, Dios de la Guerra Ígnea
Lyssara, Guardiana del Destino
Morveth, Soberano del Final Silente
Esos son los únicos dioses reconocidos por la academia y por los templos.
Llega el día del Despertar.
Rodeado de compañeros y profesores, Aren coloca su mano sobre el altar ceremonial.
Al principio, todo parece normal.
Hasta que el cielo del mundo entero se oscurece.
El altar vibra violentamente.
Y una proyección gigantesca aparece en el firmamento: una cinemática divina visible para todos.
Un rayo atraviesa las nubes y revela Una silueta imponente de pie entre nubes tormentosas, sosteniendo un relámpago condensado en su mano.
Otra figura sentada en un trono de sombras profundas, rodeada de una oscuridad que parece devorar la luz.
Una tercera presencia emerge sobre olas suspendidas en el aire, con el mar arremolinándose bajo sus pies.
A su lado, una figura envuelta en armadura, firme en medio de un campo de batalla infinito.
Luego, una silueta serena y erguida, observando desde lo alto como si analizara cada movimiento del mundo.
Finalmente, una presencia radiante aparece envuelta en un sol ardiente que ilumina todo el horizonte.
Las seis figuras permanecen inmóviles por un instante.
Después demuestran su poder.
El portador del relámpago lanza un rayo que parte el cielo en dos.
El soberano de las sombras abre un abismo bajo sus pies.
El dominador del mar levanta océanos enteros hacia el firmamento.
El guerrero de la armadura avanza y cada paso provoca explosiones invisibles.
La figura serena extiende su mano y el mundo parece congelarse en un instante de cálculo perfecto.
El ser del sol libera una llamarada tan intensa que la luz cubre el planeta entero.
Detrás de ellos, más siluetas se alinean como si todos formaran parte de una misma jerarquía.
No hay palabras.
No hay nombres.
No hay explicación.
Los estudiantes miran aterrados.
Los profesores están completamente paralizados.
Nadie sabe qué son esas entidades.
No las reconocen.
No coinciden con nada conocido.
No se parecen a las deidades registradas en ese mundo.
La proyección desaparece.
El cielo vuelve a la normalidad.
El altar, agrietado y vibrando con energía desconocida, muestra una sola palabra:
Despertar: Olimpo
Silencio absoluto.
Ese poder no pertenece a ninguna categoría existente.