—Te sugiero que sueltes a la princesa o habrá graves consecuencias —dijo León.
—Me temo que no puedo hacer lo que dices —dijo el joven—. Ella pertenece a su propia familia. No necesita volver.
Miro a León y al joven intercambiando miradas. Sus miradas eran firmes e inquebrantables.
—Entonces no tengo más remedio que pelear contra ti —León dijo con una voz escalofriante. Mira hacia mí y su cara se vuelve gentil—. Espera un momento. Voy a salvarte. —Él sonrió su brillante sonrisa.
Luego León miró al joven de nuevo con ferocidad—. Te arrepentirás de haber secuestrado a la tercera princesa de Alvannia.
León desenvainó su espada de su escarabajo y la señaló hacia el joven. Entonces el joven hizo lo mismo.
—¿También eres caballero, supongo? —dijo el joven—. Entonces te reto a un duelo. Si ganas, te entregaré a la princesa y también mi vida.
—¿Estás seguro? —preguntó León.
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