**En el estadio**
Miguel miraba con asombro a Lucsus. Sin embargo, ya había calculado que no podían ganar contra esos 17 restantes.
En un momento como este, solo podría rezarle a Dios para ver si respondía sus plegarias.
*Mis huesos quiero que sigan conservando su estructura*, pensó.
—Oye, Lucsus, ¡ya mejor prepárate para correr! Hay que alcanzar la meta y tratar de pasarlos.
—Lucsus... mmm, no sé, no creo que eso sea posible. Parece que tendremos que acabar a varios primero.
—No seas arrogante —respondió Miguel al instante—. Sé que eres fuerte, pero no te pases. Solo conseguirás quedar mal si tu arrogancia te ciega.
—Jajaja, qué gracioso —dijo Lucsus—. Para tu información, me gusta ser arrogante.
—¡¿Qué?!
Jiro blandió su espada, una espada que reflejaba su brillo desde que salía de su vaina. En su figura majestuosa, un escrito yacía en ella.
—Esto es una espada rúnica —anunció Jiro—, envuelta con los sentimientos de un mago.
Miguel se exaltó al ver tal espada, tan poderosa. Se supone que no se permiten espadas, pero mirando a los jueces, no parece importarles.
Lucsus no sabía el contenido de esta espada; sin embargo, la palabra "mago" llamó su atención, tanto que hasta su rostro se volvió curioso.
—Por tu cara, veo que no sabes qué es una espada rúnica hecha por un mago, ¿no? —preguntó Miguel.
Se dice que los magos son la encarnación de un aspecto de la naturaleza. Puesto que hay muy pocos magos en todo el continente, estos son muy escasos.
Los elementalistas y, nacidos en clanes, son sus semejantes, pero comparar a un elementalista o un clanista con un mago sería comparar el planeta Tierra con el universo extenso y majestuoso.
—Entonces, ¿Jiro es un mago? —preguntó Lucsus.
—No, él no es un mago. En el país de los exiliados nunca se ha visto uno. Él es un elementalista conocido como Jiro el Sanguinario. Su espada fue creada por la maga Teresia, del reino del duende, y tiene una runa incrustada de viento.
—Parece que la fama me persigue a cualquier lugar —dijo Jiro—. ¿Quieren un autógrafo? —Je, je, je. La risa macabra de Jiro se escuchaba en todo el estadio.
—Coco, estamos a 30 minutos y todavía todos siguen con los huesos intactos, con excepción de Cricket. Parece que seguirá allí tirado por un tiempo.
—En la espada dice "Kaze" —observó Lucsus.
—¿Sabes leer estas runas? ¡No es posible! Se supone que es el lenguaje rúnico —exclamó Jiro.
—Parece interesante ese lenguaje —murmuró Lucsus.
—¡Maldito! ¡Ya basta! No te luzcas conmigo —gritó Jiro, saliendo disparado y rompiendo el suelo a sus pies.
Jiro sostuvo su espada rúnica con ambas manos para dar un golpe al aire, desde arriba hacia abajo.
¡Whooosh! El golpe fue lanzado, y todavía había una distancia considerable entre Lucsus y Jiro. Lo que salió disparado fue un corte de viento enorme que arrasaba con todo a su paso.
Al ver que venía directamente hacia él, Lucsus observó muy atentamente y levantó dos dedos hacia arriba. Los dedos comenzaron a brillar de un color castaño, y un campo casi imperceptible comenzó a expandirse.
—¡Aún no! Debo comprimirlo más —murmuró Lucsus. Los dedos comenzaron a lanzar chispas de electricidad blanca, y el dominio que antes se extendía por todos los alrededores se dirigió a un único lugar: hacia el viento, en forma de una línea de electricidad con bordes castaños, electricidad blanca que salía desde el suelo.
Este apenas alcanzó al viento, suprimiendo su velocidad y comprimiendo tanto la fuerza inicial, la final, la energía cinética y hasta el calor del viento.
Se vio una distorsión del ataque de Jiro, como si fuese absorbido por su propio núcleo, y la electricidad mas los bordes castaños desaparecieron, siendo ahora los que suprimían esa distorsión desde el centro.
Lucsus veía que eran los dos dominios suprimiendo el ataque de Jiro. En cambio, toda la audiencia solo veía que con los dos dedos de Lucsus, este suprimía el viento, en otras palabras nos son perceptibles las cuatro fuerzas y de hecho el color solo los percibe Lucsus de esa manera.Pueden cambiar de acuerdo a su evolución eso aun no lo sabia lucsus.
El concentraba el ataque de la espada como una esfera de energía comprimida.
—¡¿Qué?! —exclamó Jiro, desconcertado.
—¡Dios santo! —gritó Coco—. Parece que este chico está lleno de sorpresas. ¡Acaba de someter por completo al viento rúnico de la gran espada del aventurero de oro, Jiro!
Lucsus cayó de rodillas.
—¡Ahh! —comenzó a jadear.
La energía nuclear fuerte estaba impregnada en su cuerpo como una especie de aura, pero el lanzarla tenía un alto precio: lo desgastaba mucho y hacía que su aura se agitara.
Miguel se colocó delante de Lucsus.
—Lo hiciste bien. Déjame ayudarte. Aprovecharé el shock de Jiro para darle uno de mis ataques.
Miguel sostuvo ambas manos al frente y se fue creando una figura delante de él, como un doble. Y salió otra, y otra, y cada vez se aceleraba más y más, hasta que adquirió una velocidad de 100 metros por segundo antes de llegar a la mitad entre él y Jiro.
El ataque fue tan rápido que golpeó a Jiro en el estómago, y este salió disparado hacia la pared, enterrándose en ella.
—¡Qué ataque tan fuerte! —exclamó Lucsus.
Miguel cayó al suelo y jadeó diez veces peor que Lucsus.
—Haaaa, haaaa, uuufff.
—No es tan bueno. Es un arte de mi aldea, y toda esa aceleración que consigo pasa a mis pulmones. Por eso mi aldea siempre gana las olimpiadas —explicó Miguel.
—Jajajaja, ¡qué habilidad más interesante! —rió Lucsus.
Jiro salió de la pared, y al disiparse el humo, apareció con la boca llena de sangre y su estómago morado.
—¡Debo decir que fue un buen golpe! Sin embargo, es todo para ustedes.
Lucsus volvió a subir los dedos, y de un momento a otro, los cinco dedos estaban arriba, en dirección a él. Una especie de onda pasó por todos en la arena y atrajo a los 18 contrincantes, más los 5 que los habían traicionado, hacia la esfera comprimida de viento.
—¡Ahhh! ¡¿Qué sucede?! —gritaron.
Era como si fuese un organismo vivo la bola que los arrastraba a ellos. Esto era causado por lo que Lucsus conocía como la fuerza fuerte, el fue capaz de seleccionar a los que esta fuerza juntaria ,pues si es capaz de juntar hasta los protones en el núcleo de un átomo esto no era nada a comparación de lo que podía ser , y eso dejando de lado que en esta realidad el poder de esta fuerza era aún mayor además de diferente.
Lucsus cerró la palma, y la energía del viento dejó de comprimirse, desatándose ferozmente. Algunos estaban a centímetros de ella, y otros no corrieron con tanta suerte y estaban a milésimas.
¡Booomm!
Salieron volando en direcciones distintas, e incluso muchos cayeron hacia la audiencia. Después de chocar, seguían cayendo por las escaleras.
Hasta el poderoso Jiro apenas se movía. Pudo bloquear el viento con su espada, pero no el impacto.
Aún dentro de la arena, seguía poniéndose de pie con múltiples heridas. Esto demostraba que un aventurero de oro no era cualquier cosa.
—El número 8 lo vuelve a hacer —anunció Coco—. Señores, ¡qué espectáculo! Sin duda alguna, estamos ante un elementalista muy fuerte de viento. Es inigualable. Parece que quizás tenemos a un ganador.
*¿Elementalista? Es mejor así. Mi poder no es algo fácil de entender*, pensó Lucsus.
—¡Glupp waa! —Lucsus vomitaba sangre—. ¡Haaa, haaa, qué dolor!
—Parece que solo Jiro sigue de pie —dijo Coco—. ¡Esperen, no! Alguien más se está levantando. ¡¡¡Es Maquintaro!!!
Maquintaro saltó de la audiencia hasta donde se encontraba el número 2. Fue un salto de más de 10 metros de alto y 60 de distancia. Sin duda alguna, era un monstruo.
El número 2 se asustó y apenas se echó un poco hacia atrás. Este salto le mordió el hombro con unos dientes afilados como los de un león. Maquintaro era fuerte y grande, con piel gruesa.
—¡Ahhh! —El número 2 lo golpeó en el estómago, en el cuello, y nada funcionaba. Estaba tan desesperado que utilizó sus dedos para enterrárselos en los ojos.
—¡Ahhh! —Maquintaro gritó de dolor, y el número 2 corrió fuertemente, sosteniéndose el hombro.
Lucsus estaba en el suelo, mareado. Apenas veía. Recuperaba la visión poco a poco.
Miguel salió corriendo para ayudar al número 2; sin embargo, este pronunció las palabras:
—¡Me rindo, me rindo! —Al ver que los jueces hacían caso omiso, se aterró—. ¡Por favor, ayúdenme!
La audiencia estaba en total silencio, en especial los peces gordos del bajo mundo del país de los exiliados. Este era el espectáculo que ellos venían a ver. ¿Cómo se lo iban a quitar?
Un salto se escuchó, y 0.3 segundos después, dientes en el cuello tenía clavados el número 2.
—¡Ahhh! —Cayó al suelo, pero aún vivo y gritando—. ¡Ayúdame, Lucsus, por favor!
Miguel se quedó a medio camino porque, si daba un paso más, el siguiente sería él.
Lucsus por fin centró la mirada. Era alguien agonizando, pidiendo su ayuda.
Su cuerpo no le respondía, y sus habilidades dejaban exhaustas a sus emociones. Actualmente, sentía depresión por abusar de ellas.
—¿Qué puedo hacer por ti, número 2?
—¡Zzzzzztttt! —La electricidad blanca comenzó a salir del cuerpo de Lucsus, acompañada de una aura y bordes blancos.
*Las cuatro fuerzas que puedo controlar no están estrechamente ligadas a la emoción; sin embargo, le responden bastante bien. Pero le responden aún mejor a la razón.*
*Separaré la depresión y los sentimientos, la ansiedad y las emociones primarias y secundarias en este momento.*
El cabello de Lucsus se envolvió de energía, y en los ojos, rayos comenzaron a verse.
—¡Hace frío, mucho frío! ¿Por qué? ¡Ah, ya sé! Es porque la mayoría del universo es frío. Así es, hace falta mucha calidez. ¿Por qué no veo mi universo interno?
*¿Por qué debo ayudar al número 2? Pues no existe razón. Sin embargo, tampoco existe razón para negarme a su ayuda.*
*Siento la pereza, gula, ira, lujuria, avaricia y mi gran orgullo. Aun habiendo despejado las emociones y sus derivados, esto debe de estar muy arraigado a mí y no me quieren soltar. Sin embargo, me tendrán que obedecer.*
*Mmm, ¿dónde está la envidia? No la siento. Esa debería de estar arraigada. Ah, puedo sentir que está dormida. Bueno, en estos momentos, creo que me ocuparé de lo que tengo al frente.*
—¡Pereza! —gritó Lucsus.
Se formó de pronto una mini estrella visible al frente de Lucsus y observable por todos.
—¡Señor, a la orden! —dijo la estrella verde llamada Pereza.
—Lucsus, ¿qué te parece si salvas al número 2? ¿Crees que es mucho trabajo o necesitas ayuda de Orgullo?
La estrella verde, llamada Pereza, no podía sonreír visiblemente; sin embargo, Lucsus lo sintió.
—No, señor, yo seré más que suficiente —respondió Pereza.
La estrella entró en el corazón de Lucsus.
—¡Tum, tum! ¡Bumm, bumm! —Los latidos del corazón se aceleraron de golpe para luego ralentizarse.
Lucsus murmuraba:
—Parece que mientras más despejo la razón, menos sentido tiene lo que hago. Con Pereza ahora siento que, si termino rápido esa tarea, ya estoy libre.
—Lo siento mucho, mi señor —dijo Pereza. Lucsus lo escuchó en el oído.
—Mmm, no te preocupes.
El participante número 2 ya se daba por muerto, hasta que, de repente, Maquintaro ya no estaba presionando su cuerpo con sus colmillos hacia el suelo.
Al voltear, vio a Lucsus envuelto de rayos blancos, agarrando por los dientes a Maquintaro.
—¡¿Qué?! —Maquintaro se enfureció y comenzó a convertirse en un león, pero de aspecto más aterrador que uno normal. Su cuerpo y musculatura, más sus dientes, crecían, y apretaba con fuerza su mandíbula para atravesar la mano de Lucsus.
—¡Qué fastidio! —dijo Lucsus.
—¡¿Qué?! —Maquintaro se irritó—. ¡No me subestimes!
Con sus dos brazos de felino, aún estando de pie, agarró con sus garras largas el cuello de Lucsus.
—¡Chis! —Las uñas atravesaron el cuello de Lucsus, y este votó sangre por la boca.
Maquintaro se rió, pero no le duró mucho la sonrisa, ya que Lucsus apenas lo miraba y mucho menos demostraba dolor.
—No duele nada, nada de nada —dijo Lucsus.
—¡¿Qué?! ¡No seas mentiroso! —Y comenzó a desgarrarlo por todas partes, al cuerpo de Lucsus.
La audiencia gritó:
—¡Ahhhhh!!! ¡Qué buena escena sangrienta! ¡¡¡Cómetelo, Maquintaro!!!
El participante número dos vio a Lucsus en ese estado y se asustó.
*Bueno, ese es su problema. Si quieres, es tu culpa. Yo no quiero morir, ¡me voy!* Pensó eso y salió corriendo, abandonando a Lucsus.
—¿Por qué lo abandonas? ¡Él te está ayudando! —gritó Miguel.
—¡Él fue el que lo hizo enfurecer! Él se lo buscó. Si no fuera por él, nada me habría pasado. Si él no hubiera sido una carga al principio, habríamos ganado —dijo el número 2 con cara de miedo, casi llorando—. ¡Es su culpa! ¡Yo no soy culpable!
—Es lamentable ese ser, señor —dijo Pereza. Lucsus escuchó a Pereza desde el lado izquierdo del oído.
—No tenías por qué ponerlo a prueba. Él decidió vivir como un doble cara y cobarde —murmuró Lucsus a Pereza.
Pereza elevó la electricidad, y golpes en el estómago comenzaron a hacer que se retorciera Maquintaro. Bocanadas de saliva y sangre salían del poderoso león.
—¡Buuahhh!
La electricidad de Lucsus aumentó mucho, hasta que los ojos se volvieron blancos eléctricos completos.
—Es demasiada energía. Será agotador, pero anexaré el aura de la fuerza fuerte, Pereza. Si no, la electricidad se extenderá a todos los alrededores, y caerán todos a su paso.
—¡Boomm!!
La electricidad comenzó a tomar una forma comprimida, como si el aura de Lucsus fuese el mismo rayo.
Luego, una aura fría comenzó a salir del cuerpo de Lucsus, como si la electricidad fuese la causante del frío.
—¡Vamos con todo, Pereza!!!
**Dominio del rayo.**
*(Es la energía electromagnética extendiéndose en el cuerpo de Lucsus, desde la tierra hasta las nubes.)*
—Percibo el poder del rayo, uno no muy fuerte, pero para el gatito es una pesadilla —dijo Lucsus.
—¿Qué estás murmurando, si te estoy destripando? —gritó Maquintaro.
—¡A toda velocidad, Pereza!
Lucsus comenzó a moverse perceptiblemente sin ganas, pero en microsegundos estaba delante de Jiro, y con el dorso de la mano golpeó su cara, enterrándolo en la pared.
Jiro solo vio unos ojos blancos y una aura fría que no mostraba piedad ni clemencia. Era el poder de un implacable asesino, pensó, antes de quedar inconsciente estampado en la pared.
Casi al instante, le lanzó un mini rayo a Maquintaro, cayendo Lucsus desde arriba, a 2 centímetros de la parte superior de Maquintaro.
**Velocidad del rayo. Golpe electromagnético con Pereza.**
—¡Zzzttttt!!
La electricidad salió por donde era más fácil, haciendo un movimiento curvilíneo pero recto hacia la cabeza de Maquintaro, haciendo que este volara y quedara electrocutado en el aire.
—¡Boom! —Cayó al suelo, y antes de quedar inconsciente, dijo—: ¡Es muy rápido! Y, además, ¿cómo es posible que se mueva así con tantas heridas?
—¡Es la velocidad del rayo! ¡Tenemos a un elementalista doble! —anunció Coco.
—Todos cayeron ante el participante 8. ¡Díganme el nombre de este chico! Lo pondré en la revista de mañana. ¡Es increíble!
La audiencia quedó más impresionada que los jueces. Aplaudían con emociones encontradas porque ellos venían originalmente a ver a los 8 apaleados.
Nadie pensó que terminaría con dos de pie, uno se escapó, y los otros, el mismo número 8, los eliminó.
En estos eventos, se apuesta en contra de ellos, en especial los peces gordos y los jueces, que saben o tienen todo arreglado para ganar dinero. El número 8 había arruinado sus planes e hizo que perdieran mucho dinero. Esto no podía quedar así.