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Un encuentro conmigo otra vez

Los alaridos cortaban el aire, entremezclados con el retumbar de pasos que golpeaban el suelo sin piedad. Era un caos, un desfile de sombras desfiguradas por el pánico o la furia. No había distinción: ¿huían por sus vidas o perseguían las de otros? Entre la marea de cuerpos en movimiento, un joven permanecía inmóvil, de rodillas en el suelo. Su frente rozaba el áspero pavimento, como si intentara absorber algo de su dureza para sostenerse.

El ruido era ensordecedor, pero dentro de su mente reinaba un silencio sepulcral. Una pregunta flotaba, como una gota de tinta expandiéndose en el agua: **¿Quién soy?** No había respuestas, solo vacío. **¿Cómo me distingo? ¿Cuál es mi nombre?** Levantó la vista, pero el mundo que lo rodeaba no ofrecía pistas, solo lo sumía más en su abismo.

A su alrededor, personas caían, como títeres cuyos hilos habían sido cortados. Pero no había sangre, ni gritos, ni el peso del horror en su pecho. Los estragos del entorno lo atravesaban como un viento invisible, incapaz de rozarlo, incapaz de importarle. No sentía miedo, ni tristeza, ni siquiera curiosidad. **¿Qué significa existir si no puedo encontrar lugar en mi existencia?**

Cerró los ojos, apretándolos con fuerza, como si buscara una plegaria que nunca había aprendido. Pero no era una súplica a algo divino, era un grito desde lo más profundo de su ser. Un grito mudo. Sabía, de alguna forma, que si no lograba encontrarse, algo terrible ocurriría. El mundo mismo lloraría bajo el peso de su furia desatada, desgarrado por una ira que no sabía de dónde provenía, pero que acabaría creciendo como una tormenta.

El silencio fue roto por un reflejo inesperado. Sus ojos se abrieron, captando el brillo opaco de una pantalla apagada, la carcasa de una laptop tirada entre los escombros. Se inclinó hacia ella, y por un instante, su propio rostro en la pantalla le devolvió la mirada. El corazón en su pecho latía con un frenesí que lo hacía sentir como si se desmoronara desde dentro.

El reflejo le habló sin palabras, con un dolor que no podía nombrar. **¿Por qué me duele tanto?** La pregunta surgió sin que pudiera detenerla. Su mente buscó respuestas en los rincones más oscuros de su memoria, pero solo encontró vacío. Algo había olvidado. Algo importante.

La duda lo carcomía, pero era pequeña en comparación con la inmensidad del dolor que se extendía como un veneno por cada célula de su ser. El mundo a su alrededor seguía desmoronándose, pero para él, todo se reducía a ese reflejo y al eco de una pregunta sin respuesta.

En ese preciso instante, sintió que su mente se aclaraba.

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**Aquella tarde**, sobre sus rodillas, una almohada y encima de la misma, una computadora de esas que se descargan, una mini laptop. En el caso de Lucsus y su hermano, fueron dadas por el gobierno de su país para supuestos estudios, cosa que realmente nunca se solicitó en la institución. Para la suerte de ellos, hacían y deshacían, aprendían cosas relacionadas a las llamadas Canaimas, paquetes de instalaciones, software y juegos. Y, obviamente, una vez robado el wifi a un vecino, los animes no podían faltar.

**¿Cómo robaban wifi?** La respuesta es sencilla: mediante un programa, o decodificaban las claves hasta dar con la correcta, o arreglaban una computadora del vecino y conseguían la clave al entrar a la PC. Cosa que hacían por si las dudas, porque la vecina, apenas les arreglaron la computadora, les dio la clave en agradecimiento.

Lucsus continuaba sentado, pensando en lo perfecto que era la almohada para restringir el calor que emite la computadora y no lo molestase o posiblemente dañase a futuro con las ondas de calor que esta emite.

Absorto en la pantalla que decía **Google**, así es, la página principal de Google, de alguna manera lo tranquilizaba. Varios se identifican con él, de eso está claro, y se ríe discretamente.

**Las posibilidades de todo el conocimiento en una sola página, hermoso pero a la vez frustrante.**

—Independientemente de lo que averigüe, ¿de qué me sirve? —piensa Lucsus.

—Digo, en este contexto, son pocas las cosas que puedo hacer, o mejor dicho, que están en mi círculo de influencia.

Lucsus no tiene Internet propio, y el wifi tiene una señal pésima.

—Hay muchos usuarios conectados a la vecina, jajaja —se ríe estando solo en un rincón.

—Mi país es un caos, y el wifi lo representa. Esto es un país tercermundista, y ahora mi tierra, el *Valle de Hinon*, pasa y pasamos hambre. Carecemos de servicios, de productos, de humanidad, puesto que todos muestran sus verdaderos colores en situaciones extremas.

—La delincuencia y los ladrones... ya nada es seguro.

Los **ms** (la respuesta constante del Internet) en el Valle de Hinon, lo normal es 100, e incluso siendo un país que no invierte ni en plataformas, pero tampoco era mi caso. En el día estaba encima de 400, y en la noche, cuando todos dormían, allí sí llegaba a 130 cuando estaba full conexión.

—Antes jugábamos en el servidor de "LAS", el cual está mal porque, al ser de "LAN", nos va peor allí, jajaja —ríe el joven para sí mismo.

—Menos mal que alguien nos dijo, y ahora sí jugábamos al full conexión en la noche, 130 ms.

—Los **fps** —dijo Lucsus— eran de terror.

Lucsus y su hermano jugaban con un fps del humilde gobierno de Jerusalén: 40 y 50 fps (la fluidez del video).

—Pedir más sería un privilegio de gente de lujos, en el caso de estos hermanos.

Bueno, no siempre fue así, pero justo en este momento sí.

Lucsus tenía que ir a la universidad al día siguiente, y eran las 11:00 pm de la noche, pero de eso no se preocupaba. Su atención estaba fijamente en la pantalla. Abre un icono y coloca "buscar partida".

**"Aceptar"**, sale un cuadro y hace un sonido que todo jugador debe conocer al saltar la ventana de aceptación o rechazo.

Lucsus acepta, y en la interfaz le aparecen cuadros de personajes que, en la comunidad, se les llama **campeones** (personajes), y salen en rojo. Lógicamente, te dan para que bloquees a un campeón que no quieres ver en tu partida.

Lucsus ve la posición que se le asignó (**top**), así que procede a banear al más molesto para él en ese elo (nivel), el cual era **Plata 2**: **Yorick**.

Ya era el turno de elegir su campeón. A Lucsus, felizmente, no le habían baneado a su campeón, ni seleccionado el equipo contrario.

A **Darius** selecciona. Empieza la partida. En su línea, que es el carril superior, se queda enfrente de la oleada, observando qué movimiento haría el **Mordekaiser**, que era el enemigo del carril superior.

El **Morde** ataca a los **minions**, que son los súbditos que dan oro para conseguir ítems y obtener más daño.

Pero lo curioso fue que lo atacó con el mazo de la habilidad, o sea, gastó una habilidad en los súbditos y, además, obviamente dio a conocer cuál de las 3 habilidades había desbloqueado (disponibles).

—En ese momento, salgo hacia él, rodeando la oleada, y comienzo a darle autoataques sin usar mi habilidad desbloqueada. El **Morde**, al ver que me tanqueó parte de la oleada, más su autoataque, mis vidas se bajan más rápido que las suyas, y me enciende el **ignite** (carta que te quema unos segundos), el cual es una carta de 2 que tiene para elegir en la selección de campeones.

Retrocedo un poco hacia la jungla, y el **Morde** se me pega atrás. **"Tick"**, la pasiva de mi campeón se activa: **Hemorragia** (el sangrado, aumenta muchas veces el daño en general). Se activa, y aprieto la **Q**, la habilidad de hacha de **Darius**. El **Morde** retrocede para salir del rango, y allí utilizo mi carta **flash** (destello) y le doy con todo el mango del hacha y absorbo vida.

Luego activo **fantasmal** (carta de velocidad), y a casa, platita, como diría cualquier jugador promedio, xd.

Lucsus termina ganando esa partida gracias a la estrategia y utilización de la ventaja obtenida.

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**Días después**, en la universidad, Lucsus hablaba con una chica con frecuencia. Ella le hacía sentir algo que, en el momento, ni él sabía qué era. Lo que sí podía razonar es que quizás era una amistad de complicidad para ambos, ayudarse mutuamente y lograr graduarse sin tantas dificultades.

Tiempo después, en el segundo semestre, la chica se había ido a un lugar llamado la **Ciudad de Ramala**.

Lucsus se encontró con una parte de él después de tanto tiempo.

—Así es, la chica le recordó cómo son en realidad los vínculos. Solo cada quien les da el valor que ellos quieren.

—¿Pero ni un adiós? —dice Lucsus.

Se preguntó: **¿En serio éramos dos completos desconocidos?** La respuesta a la que llegó Lucsus fue **"no"**.

—No es eso. Es que no me valora como persona. Quizás solo se interesa por ella, y los de su alrededor son simple juego social para no estar sola o sentirse sola.

Lucsus entraba a las aulas de clase y se sentía todo tan vacío. Era como si todo fuese falso: las compañeras a su lado, los compañeros, los profesores, su título de bachiller que no serviría ni para intercambiarlo por un plato de comida. Todo era muy falso.

—Realmente, siempre lo supe, pero ahora me lo recordó esa chica. Esto es falso. Tengo que intentar hacer las cosas con pasión, e igual estar en una oficina. Ni un título es mi sueño o meta.

—Yo abandoné la universidad. Claramente, no estoy hecho para eso, para personas falsas, o mejor dicho, yo siendo el falso entre ellos.

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**Días después**, Lucsus había abandonado la universidad, y solo él lo sabía. Estaba empezando una partida del videojuego. Esta vez era una zorra llamada **Ahri**, y su carril era **mid** (el medio).

Su posición en la que más gana, junto a su campeona con la que más **carrea** (llevar a tu equipo a la victoria).

Lucsus tenía toda su atención en la partida. Había muteado el chat, eliminado sonidos innecesarios, puesto su PC en alta prioridad, pegándole a los **minions** (súbditos de oleada) con los básicos de distancia de la **Ahri**, estando pendiente y colocando visión en el mapa.

Ganando **trades** en contra de un **Swain** (campeón muy fuerte en el mid y peleas de equipo) en cuanto a **Ahri** (campeón mago asesino, difícil de posicionar y con mucho daño real y movilidad).

Luego de una partida extendida e igualada, ya ninguno tenía torretas ni de tercer nivel. En cuanto a los objetivos, nadie quería hacerlos, ni el equipo enemigo ni el aliado, porque el daño que este les proporcionaría fuese fatal (por el elo bajo) para la **tf** (pelea en equipo), o por lo menos eso parecía para Lucsus, porque marcaba los objetivos y todos se juntaban en **mid**.

**R-** **Swain** comienza la **tf** con una expansión de cuervos. La **Ahri** de Lucsus le lanzó la **E**, el enamoramiento, y entre él y sus aliados le hicieron un **focus**. La pelea en grupo se desató, y solo veía cómo caía cada campeón por campeón, tanto aliados como enemigos.

Hasta que llegó el momento en que tenía que hacerme con el **adc** enemigo, y allí estaba, esperando el **cooldown** de la **E** (enamoramiento).

Mientras mataba a otro campeón enemigo, ambos seguíamos entrando y saliendo de la pelea en equipo (**tf**), el **adc** y yo.

No sé si fue por la alta concentración o por la configuración de mis sonidos. Escuché:

**UNO, DOS**, con una voz aún más macabra que la de **Jhin**. En ese momento, por alguna razón, sentí miedo en mi corazón, emoción que distinguía más no había sentido antes.

Ya casi tenía el **cooldown** de la **E** de **Ahri**. Faltaban 2 segundos. Continuaba dando básicos al enemigo enfrente, que estaba a un punto de vida prácticamente.

Iba retrocediendo poco a poco por si el **adc** (campeón de mucho daño por segundo) enemigo cambiaba el **focus** hacia mí.

El miedo que sentí se había ido junto con el número y volvió con la pronunciación del siguiente:

**TRES**.

Al acabar con el campeón del frente, retrocedo porque solo me quedaba menos de 1 segundo para tener la habilidad disponible. El **adc** enemigo acabó con el último de mis aliados, y al instante, yo uso la carta de **destello** hacia atrás para dar tiempo del microsegundo del enamoramiento de la **E** de **Ahri**, y disparé la **E** antes de incluso llegar a la posición del destello.

El escenario real fue muy rápido. Solo se vio un **flash** y, al casi mismo instante, el **flash** hacia adelante del **adc** enemigo.

**CUATRO!** Mi miedo se fue, siendo uno de los misterios más grandes de mi mente. Me pregunté a qué se debía el miedo y por qué desapareció repentinamente.

Caí muerto con el **flash**, y mi futuro en **LoL** allí se decidió, o mejor dicho, allí lo decidí.

—No tengo los recursos para tener éxito en **League of Legends**. Ni siquiera tengo para comer en un futuro cercano.

—No serían las alas que no le saldrían a una persona que me dijo: "Si llegas a **Challenger**, me saldrán alas", lo que me lo recordaría eternamente, sino el número **4**.

El número **4** me lo diría incluso antes de que Lucsus naciera.

—Mi destino era otro, así que no me aferraría a una obsesión para lograr contradecir a alguien, ni podría hacerlo, aunque quisiese.

Allí haría un espacio en mi corazón para guardar otro sueño roto.

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**¿Avril Lavigne me inspiró?**

Una cantante canadiense, mi estereotipo de chica perfecta, tanto físico como en la personalidad que veo en sus vídeos musicales y letras.

Incluso había una canción que me encantaba de ella. Fue mi canción favorita por mucho tiempo: **"I Wish You Were Here"**. Así es, en donde ella salía quemando una rosa.

Por esos tiempos, la cosa estaba marchando. Estaba empezando a sentar las bases para ganar dinero con ayuda de un amigo que sabía todo sobre ganar dinero por un medio. Gracias a que el amigo **Joe** ya tenía ese conocimiento, así que solo trabajaba, y él me apoyaba.

A parte, yo estudiaba inglés, hacía a veces ejercicio y sobrevivía junto con mis hermanos a toda la tragedia de Jerusalén: hambruna, delincuencia, egoísmo y entre otros. Pero de alguna manera, sabía que todo iba a mejorar.

Una noche, Lucsus se encontraba escuchando una canción de Avril Lavigne, pero esta vez subtitulada en español. Se llamaba **"I'm With You"**.

Lucsus, solo sentado en el tan popular rincón oscuro, siendo consciente de todos sus traumas, los de sus hermanos, la casa en la que vivían que no era suya ni se sentiría nunca como si lo fuese.

Un padre ausente, física, económica y emocionalmente, y que solo echaba leña al fuego a los traumas. Según el padre de Lucsus, él no triunfó por mantenerlos a ellos o estar velando por ellos.

Pero la realidad es que no estuvo presente. ¿Sería cosa de la demencia de su padre, o es que su ego era tan grande que solo lo decía para llenarse o excusarse de por qué él no tiene dinero, ni casa, ni títulos, y aún seguía estudiando?

Del padre biológico aprendería muy poco; sin embargo, aprendería más del que alguna vez pareció estar presente.

Lucsus piensa que si se apasiona fuertemente por algo, eso cobrará vida, como aquella estatua que cobró vida de tanta pasión de aquel hombre (**Pigmalión**).

Otra cosa que intranquilizaba a Lucsus fue que su amistad más cercana se fue del país sin ni siquiera avisarle, y esa amistad sí era de años conociéndola. Pero ya **Carla** lo había instruido: la chica que se fue sin decirle ni buscarlo en el futuro.

Aparentemente, así son los vínculos, entendió Lucsus. Ambos casos son iguales y se lo señalaron.

Por otra parte, el trabajo de Lucsus no era muy prometedor, puesto que otra vez chocó con el muro de los recursos, en este caso específico, el Internet (en el otro igual, pero este notable).

Aunque no era un trabajo que necesitara el mejor Internet, igual su Internet no era suficiente, porque, aparte, casi no podía dormir. Lucsus dormía alrededor de 3 o 4 horas.

De allí, su jornada de trabajo y tratando de aprender algo, pero nada servía en este país, Jerusalén.

Aún con la miseria que ganaba en el videojuego, era hasta más de lo que ganaría trabajando afuera, al menos en el caso de Lucsus.

Lucsus, días antes, había presionado a su madre, que se encontraba en el país de los exiliados, para que le mandara el pasaje. Si esta no podía, Lucsus se alistaría en el ejército, sin importar si algún familiar lo ayudase a entrar o no, porque Lucsus sabía que, desarrollando un carácter, las posibilidades de hacer algo más en el futuro eran muchas más.

—Yo tengo 18 años. Soy una persona que se considera de estudios, sin apoyo de ninguna persona.

—Además, ¡así es! No siento ni que mi madre me apoye o comprenda. Además, nadie está conmigo, y eso no me molesta.

—Pero, por alguna razón, este tema de Avril Lavigne me llega.

—Agradezco tu existencia, Avril Lavigne. Sé que todo tiene un fin, que yo puedo, y me lo digo a mí mismo.

—Pero, ¿por qué salen lágrimas de mis ojos con este tema de Avril Lavigne? Este tema, ¿por qué es capaz de hacer algo tan grande como hacer brotar mis más fuertes emociones y, a la vez, hacerme consciente de todo este dolor punzante que son como millones de agujas clavadas en mi corazón con un frío eterno?

—Estoy llorando, pero no siento ningún gesto en mis expresiones faciales. Las lágrimas no dejan de brotar de mis ojos. Mi pecho está entumecido.

—Todo es tan frío, vacío, solitario.

—Me duele el corazón.

—El silencio de mi impotencia actual me dice que soy un inútil, quizás por sentirme así y no poder solucionar las cosas solo con esfuerzo e inteligencia. Estoy frustrado.

—Tienes razón, Avril Lavigne. Es una maldita noche fría, y tú no estás conmigo, traidora.

—Ahora, el único personaje que creo es fiel a sí misma es **J.K. Rowling**, pero estoy muy feliz de que ya no estés en esa maldita noche fría, Avril Lavigne.

—Este recuerdo quedaría plasmado en mí con un sentimiento e imagen con un frío inconmensurable. Un encuentro conmigo mismo otra vez. Es el factor que siempre confundiría mi existencia y procedencia.

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