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Separación de la mente

**Brrr, brrr**, la carta no deja de vibrar. Ya van casi cuatro horas así.

**—¿Qué me querrá decir?**

Lucus mira fijamente la carta mientras su otra mano sostiene una parte de su cabeza.

**—¡Por Dios!**

Una imagen de infinitas estrellas, luces, galaxias e innumerables cosas brillantes de diferentes colores aparece.

**—Espera un momento... quizás el fragmento que me dio Roblox tenga algo que ver. Ambos son cosas desconocidas para mí.**

Lucus se quita el fragmento y lo pone sobre la carta.

Pasaron varios segundos y nada especial había sucedido.

**—Mmm... este mundo, ¿qué cosas albergará? ¿Por qué esta carta no es más clara? Así es, esto no puede calificar como una guía.**

**—Hey, Lucus, ¿puedes quedarte otro día en mi dormitorio si quieres? Así haces la mudanza hoy y mañana consigues un cuarto.**

**—Está bien —dice Lucus.**

Shinyi estaba detrás de la puerta, al lado de afuera.

**—Shinyi, saldré al exterior. Hay un trabajo particular que acepté. Nos vemos luego.**

**—Todo en orden. ¡Cuídate, Shinyi!**

Al terminar de hablar con Shinyi, Lucus volvió la cabeza para luego encontrarse con un hilo negro, como de vapor, saliendo de la carta.

**—¿???????**

Lucus miró con mucha intriga hasta ver que salían varios colores, entre los cuales, además del negro, el azul abundaba.

Extendió la mano para tocar la carta. Sus dedos, al acercarse, sintieron una corriente leve que recorrió su cuerpo.

De pronto, el fragmento blanco sobre la carta fue absorbido por esta, y se formaron dentro de la carta cuatro luces en espiral: una negra, otra morada, otra blanca y otra marrón.

Todas brillaron con un esplendor que solo podía describirse como magnífico.

**—Hay algo en mi pecho que aprieta, una sensación desgarradora recorre mi cuerpo. Me siento triste, o tal vez es vacío.**

Los colores de la carta se convirtieron en partículas, en miles de partículas, o quizás millones, y el espacio a su alrededor se volvió todo negro.

Partículas de los diferentes cuatro colores estaban esparcidas por todo el espacio, formando figuras como galaxias y estrellas, entre muchas otras formas.

Sin embargo, Lucus se da cuenta de algo: esas formas de energía estaban entrando en él, creando confusión en su corazón y mente.

**—Lucus respiró hondo y exhaló fuerte. De alguna manera, esta confusión, este sentimiento, le era familiar.**

Se sentó en el suelo del vasto espacio negro. Al ponerse en postura de meditación y cerrar los ojos, la energía entraba más y más rápido, acompañada de una serie de cosas.

Lucus sentía una gran impotencia, desesperación, temor, fobias... Hasta que, en su mente, con los ojos cerrados, vio a un joven vestido de mayordomo, esforzándose, trabajando sin descanso, siendo irrespetado por los mismos compañeros de trabajo.

Para Lucus, esto parecía algo tan trivial. Sentía lo que él sentía, no, quizás aún más, e igual solo podía pensar: **—¿Por qué te sientes la víctima, Sebastián?**

**—La emoción que siento de tu parte es una frustración injustificada. No porque hagas tu trabajo significa que el mundo te deba algo.**

**—¿Por qué te dejas irrespetar? ¿Quieres subir de rango de cualquier forma, no?**

Sebastián estaba de pie ante él.

**—Desde pequeño me instruyeron que si me inventaba un cuento y me lo creía, eso sería la verdad.**

Lucus se sostuvo el cachete con una mano en palma, sin abrir los ojos.

**—¿Y te creíste el cuento?**

Sebastián cerró los ojos y dijo: **—Mi razonamiento no era suficiente en vida para aceptar lo que mi ego y emociones pedían a gritos.**

Lucus preguntó: **—¿Aún crees que eres la víctima?**

Sebastián, con los ojos abiertos, se inclinó. **—Me gustaría no haberlo sido. Sin embargo, lo fui, pero solo cuando aún conservaba la razón.**

**—Cuando me esforzaba para ser alguien mejor, quizás la perdí el día que cumplí 12 años y dejé de ser un niño.**

Lucus respondió: **—Ese niño siempre estuvo contigo. Tú decidiste hacerlo a un lado. Lo que sentenció tu avance fue el renunciar a la razón.**

**—¡Tienes mucha razón! —dijo Sebastián, postrándose aún más erguido—. Como actué sin medir consecuencias, mi castigo no será algo trivial.**

Lucus dijo: **—No sé qué te depare, pero suerte la próxima.**

Sebastián se levantó.

**—Puedo ver a través de ti en estos momentos y albergas un gran dolor. No quiero saber cuánto más aguantas. Espero no seas un demonio del que cuentan las leyendas, y si lo fueses, espero que el mundo sea tu parque de diversiones.**

**—Me despido, buen hombre, Lucus. Te dejo mi dolor.**

**¡Boom!** Todo el espacio se rompió, haciendo que todo entre directo a su corazón.

**—¡Ahhhhh! ¿Esto es ego? —dijo Lucus, sorprendido—. ¡Esta emoción me hace sentir más!**

**—Jejeje, qué interesante.**

Por supuesto, Lucus ya tenía un ego, pero este era totalmente controlable, y el de Sebastián tampoco era incontrolable. Lo controló rápidamente porque Lucus es un genio emocional, pero para otra persona, moriría de tanto ego.

Ahora, Lucus es capaz de absorber constantemente algunas partículas del universo interno de sí mismo y de su alrededor, controlando así el flujo de emociones más rápido ahora. Lo de ser un genio emocional no residía solo en comprender las emociones, sino en absorberlas y utilizarlas.

Mientras sentía el dolor desde la razón, separó en su mente las emociones y el sufrimiento, más el autocontrol, dividiéndolo en ambas partes.

Lucus abrió los ojos, y su cuerpo ya no lucía desnutrido, pero aún le faltaba construirlo.

Cerró los ojos y, al abrirlos, se volvieron marrón claro. La energía marrón comenzó a irradiar de él. El marrón era como castaño, lo cual también hizo que mechones de su cabello se volvieran más castaños.

**—¡Me siento fuerte! Y soy capaz de distinguir claramente, puesto que el ego es simple comparado con mi autoestima narcisista.**

Lucus comenzó a hacer flexiones de pecho. Estas, por alguna razón, se le hacían más fáciles de ejecutar; sin embargo, el dolor era mucho más de lo normal. Lucus no se detuvo, puesto que su mente compartida le permitía mantenerse ajeno al sufrimiento, haciendo que su razonamiento cargue con el dolor.

Y lo que razona es que él puede hacer más. Sin embargo, no era hacer por hacer: la posición del ejercicio era crucial, más los descansos. Era golpear a la sombra.

**Brrr, brrr**, la carta vuelve a sonar.

Esta vez solo es un **4** escrito como con tinta.

La guarda en el bolsillo y, por alguna razón, sabe que no sonará en un buen tiempo.

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