La ropa de Cristóbal chocando contra el suelo resonó a través del silencio, interrumpido por su respiración entrecortada. El corazón de Abigail latía con anticipación, su pulso retumbaba en sus oídos. La atmósfera estaba cargada de una tensión eléctrica que parecía crepitar entre ellos.
Cuando Cristóbal se acercó a la cama, su forma desnuda irradiaba confianza y masculinidad. Su anhelo por Abigail era palpable, y no pudo evitar inclinarse hacia ella, su mano fuerte acariciando con ternura su cálida mejilla enrojecida.
La mirada de Abigail recorrió su cuerpo, absorbiendo cada detalle. Sintió una oleada de calor que se difundía por sus venas, su piel hormigueaba en expectativa.
Sus ojos se encontraron en una mirada ardiente, y él habló con un tono ronco e intenso —¿Podrías decirme por qué estás sonriendo?—. Su mirada no vacilaba, capturando cada expresión y cada matiz de ella.
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