Ashleigh esperaba junto al árbol hasta que vio a Bell guardar el teléfono en su bolso.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí parada? —dijo Bell sin voltearse.
—No mucho —respondió Ashleigh, acercándose a Bell.
—Por eso lo llamaste... —Bell sonrió—. Sabías que él llamaría y escuchaste el teléfono... astuta.
Bell señaló juguetonamente a Ashleigh. Ashleigh pudo ver cómo Bell se esforzaba por aligerar el ambiente.
—No escuché el teléfono —dijo Ashleigh.
—Entonces, ¿cómo me encontraste?
—Sabía que él llamaría; sabía que contestarías... —dijo Ashleigh como si eso respondiera la pregunta.
Bell entrecerró los ojos y la miró.
—Te gusta... mucho —agregó Ashleigh.
Los ojos de Bell se abrieron de par en par y asintió comprendiendo.
—Feromonas... —suspiró Bell—. Intenté enmascarar mi aroma habitual, así que me hiciste producir uno diferente. Inteligente.
—Entonces... ¿huyendo? —preguntó Ashleigh con casualidad.
Bell respiró hondo, mirando la cerca nuevamente.
—No lo sé —suspiró.
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