Ceciro Sei, un técnico informático de 32 años y ávido lector y gamer, es repentinamente transportado a un mundo que solo había conocido en sus lecturas: el de Orario, dos semanas antes de la llegada de Bell Cranel. Este no es el típico isekai. Las reglas son distintas, más crueles, y Ceciro deberá enfrentar la dura realidad de este mundo mientras trata de sobrevivir en una ciudad donde dioses y mortales conviven, y donde una mazmorra mortal atrae a los aventureros en busca de gloria y riquezas.
La lluvia golpeaba con fuerza el pavimento mientras Ceciro caminaba hacia su apartamento, cansado y desmotivado después de otro día tedioso en su trabajo como técnico informático. Su vida se había convertido en una rutina monótona, sin sobresaltos ni grandes expectativas. A sus 32 años, solo encontraba consuelo en los videojuegos y las novelas que devoraba por las noches.
Esa noche, sin embargo, su rutina fue interrumpida de manera abrupta. Un coche que se saltó un semáforo rojo lo golpeó con tal fuerza que Ceciro apenas tuvo tiempo de reaccionar. El dolor fue insoportable, y después, solo oscuridad.
Cuando abrió los ojos, el dolor había desaparecido. Se encontró en un callejón oscuro, con edificios antiguos y callejones serpenteantes que no reconocía. El aire olía a especias, sudor y algo que no pudo identificar de inmediato. Ceciro se levantó con dificultad, notando que su ropa había cambiado. Ya no llevaba la ropa casual con la que salió de trabajar; en su lugar, vestía una sencilla túnica marrón.
Su mente intentaba encontrar una explicación lógica, pero entonces, algo llamó su atención: los murmullos de la gente a su alrededor, hablaban en un idioma que él no entendía. Observó a las personas pasar, algunas con armaduras y armas, otras con vestimentas extrañas, pero todas con un aire de propósito y determinación. Fue entonces cuando lo notó: un gigantesco coliseo en la distancia, y más allá, una torre que se elevaba imponente hacia el cielo.
"Esto... no puede ser posible," murmuró para sí mismo, mientras el reconocimiento lo golpeaba como un mazo.
Estaba en Orario, la ciudad de los aventureros. Pero esto no era un sueño ni un juego. Ceciro había leído sobre este lugar, conocía los personajes, los dioses, y los peligros que acechaban en la mazmorra. Sin embargo, la sensación de realidad era abrumadora, mucho más intensa de lo que cualquier juego o historia podría transmitir.
Ceciro sabía que debía moverse con cuidado. Aunque tenía un conocimiento teórico del mundo, no estaba preparado para vivirlo. Sabía lo que se escondía en las sombras de la mazmorra, los monstruos que acechaban en los pisos inferiores, y los riesgos de aventurarse sin preparación. Pero también sabía que quedarse quieto, sin un plan, solo lo pondría en más peligro.
El miedo comenzó a apoderarse de él, pero lo combatió con la lógica. Necesitaba encontrar respuestas, entender su situación y, lo más importante, encontrar una forma de sobrevivir en este mundo. Decidió dirigirse hacia la Torre de Babel, el epicentro de Orario y un lugar donde seguramente podría comenzar a desentrañar el misterio de su llegada.
Mientras caminaba por las calles, observó a los aventureros que pasaban, algunos regresando de la mazmorra con heridas y semblantes cansados, otros entrando con una mezcla de determinación y temor. Orario no era un lugar para los débiles, y Ceciro lo sabía.
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Ceciro caminaba por las bulliciosas calles de Orario, tratando de mantener la calma mientras todo a su alrededor le resultaba tanto familiar como extraño. Sabía que estaba en un mundo peligroso, pero también sabía que no podía permitirse el lujo de entrar en pánico.
Mientras se dirigía hacia la imponente Torre de Babel, un pensamiento lo golpeó de repente: **su cuerpo no se sentía igual**. Algo era diferente, y la sensación lo incomodaba. Deteniéndose en un pequeño callejón, se apartó de la multitud para poder observarse a sí mismo sin atraer atención no deseada.
Miró sus manos, que ahora eran más delgadas, más pequeñas de lo que recordaba. Su piel, antes marcada por los signos del tiempo, ahora era lisa y joven. Con un nudo en el estómago, buscó un charco de agua en el suelo para ver su reflejo. Cuando lo encontró, el agua mostraba a un joven de unos 15 o 16 años, con el cabello castaño claro y ojos grandes y brillantes que reflejaban una mezcla de sorpresa y confusión.
"¿Esto es… yo?", murmuró, tocándose el rostro, sintiendo la suavidad de su piel juvenil.
Era como si hubiera retrocedido en el tiempo. La vida que había llevado como un hombre de 32 años, con todas sus preocupaciones y cansancio, parecía haberse desvanecido. ¿Era esto parte del isekai? En sus lecturas, muchos personajes experimentaban cambios físicos al ser transportados a otros mundos, pero verlo en su propia carne era abrumador.
A medida que procesaba este nuevo descubrimiento, un pensamiento cruzó su mente: **el sistema**. Si realmente estaba en un mundo similar a un juego, entonces debía haber algún tipo de interfaz, una manera de ver sus estadísticas, habilidades o incluso misiones. No podía ignorar esa posibilidad.
Ceciro cerró los ojos y se concentró, tratando de invocar algo, cualquier cosa que pudiera mostrarle si estaba bajo las reglas de un sistema. Para su sorpresa, una ventana translúcida apareció frente a él, con una suave campanada en su mente.
**[Status Window]**
Nombre: Ceciro Sei
Edad: 15
Altura: 160 cm
Nivel: 1
Familia: Ninguna
Atributos:
- Fuerza: 12
- Defensa: 10
- Destreza: 15
- Agilidad: 14
- Magia: 8
Habilidades: Ninguna
Magias: Ninguna
El sistema era básico, similar a los de los primeros niveles en los juegos. Su nivel era bajo, y sus atributos dejaban claro que no estaba en condiciones de enfrentarse a nada peligroso. Pero lo que más le llamó la atención fue la línea que indicaba su **Familia**: **Ninguna**. Sabía que en Orario, las Familias eran fundamentales para acceder al poder de los dioses y aventurarse en la mazmorra.
"Así que estoy solo, al menos por ahora", pensó Ceciro, cerrando la ventana con un movimiento mental.
La realidad de su situación era dura, pero Ceciro sabía que no tenía tiempo para lamentarse. Tenía que aprender, adaptarse y, lo más importante, encontrar una Familia lo suficientemente fuerte como para protegerlo mientras descubría cómo sobrevivir en este mundo. Con una mezcla de temor y determinación, salió del callejón y continuó su camino hacia la Torre de Babel, sabiendo que el verdadero desafío estaba apenas comenzando.
El camino hacia la Torre de Babel era un laberinto de calles abarrotadas y bulliciosas. A medida que se acercaba, la gigantesca estructura parecía crecer aún más, dominando el horizonte. Ceciro avanzaba con paso decidido, pero cada tanto no podía evitar mirar alrededor, asimilando la realidad de estar en un mundo que antes solo conocía a través de sus lecturas.
Finalmente, llegó al enorme edificio circular que rodeaba la base de la Torre de Babel: **el Gremio**. Sabía que aquí era donde los aventureros se registraban, recibían misiones y obtenían asesoramiento. Para Ceciro, este era el primer paso en su nueva vida, un lugar donde podría empezar a entender cómo moverse en este mundo.
Al entrar, fue recibido por un interior que contrastaba con la monumentalidad del exterior. El Gremio estaba lleno de aventureros de todos los niveles, desde novatos hasta veteranos cubiertos de cicatrices. En el centro de la gran sala, varios mostradores estaban ocupados por recepcionistas que atendían a los aventureros, procesando solicitudes y entregando recompensas.
Ceciro se dirigió hacia uno de los mostradores vacíos, pero antes de que pudiera llegar, una voz alegre y algo despreocupada lo llamó la atención.
"¡Hola! ¿Eres nuevo por aquí?"
Ceciro giró y se encontró con una joven de cabello rosa claro recogido en una coleta, ojos curiosos y una sonrisa amistosa. Era **Misha Flott**, una de las recepcionistas del Gremio. Su apariencia menuda, de apenas 150 cm de altura, y su tono de voz ligero hacían que pareciera incluso más joven de lo que era, a pesar de que Ceciro sabía que tenía 19 años. La reconoció al instante por sus lecturas, pero hizo todo lo posible por mantener la compostura.
"Sí, acabo de llegar a la ciudad," respondió Ceciro, tratando de sonar natural. "Estoy aquí para registrarme como aventurero."
"¡Genial! Soy Misha Flott, y estaré encantada de ayudarte con el proceso," dijo mientras lo guiaba a un mostrador cercano. "Es bueno ver a alguien tan joven y determinado como tú. ¡Orario siempre necesita nuevos aventureros valientes!"
Ceciro sonrió, aunque por dentro sabía que la razón de su presencia en Orario era mucho más complicada que el simple deseo de aventura. Misha rápidamente comenzó a explicarle el proceso de registro, su tono era ligero y despreocupado, lo que hacía que Ceciro se sintiera un poco más relajado.
"Entonces, para empezar, necesito algunos datos básicos: tu nombre, edad y si ya tienes una Familia," explicó Misha mientras sacaba un formulario.
"Ceciro Sei, 15 años, y no tengo ninguna Familia," respondió Ceciro, consciente de que era una información básica, pero crucial.
"¡Oh, todavía no tienes una Familia! No te preocupes, eso es bastante común para los nuevos aventureros," dijo Misha mientras anotaba los detalles. "Aunque te recomendaría buscar una pronto. Las Familias son como una segunda familia, te apoyan y te ayudan a crecer como aventurero."
Ceciro asintió, sabiendo que ella tenía razón. La mayoría de los aventureros exitosos en Orario pertenecían a una Familia poderosa, y sin una, sus posibilidades de supervivencia en la mazmorra serían escasas.
"Por ahora, te registraremos como un aventurero independiente. Eso significa que no tendrás los beneficios de una Familia, pero podrás aventurarte en la mazmorra y aceptar misiones básicas," continuó Misha mientras terminaba el registro.
Mientras Misha hablaba, Ceciro no pudo evitar notar cómo sus ojos brillaban con una mezcla de entusiasmo y una leve despreocupación, típica de alguien que había visto de todo en su trabajo. Era evidente que Misha disfrutaba ayudando a los nuevos aventureros, pero también había un aire de curiosidad en su comportamiento, como si siempre estuviera buscando algo más interesante que lo rutinario.
"Y listo," dijo Misha, entregándole un pequeño emblema de metal que indicaba su estatus como aventurero registrado. "¡Bienvenido oficialmente al Gremio, Ceciro! Si tienes alguna pregunta o necesitas ayuda, no dudes en venir a verme. Ah, y te recomendaría empezar en los primeros niveles de la mazmorra, son los más seguros para novatos."
"Gracias, Misha," respondió Ceciro, guardando el emblema y sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo. Sabía que este era solo el comienzo, pero al menos había dado su primer paso.
"¡Buena suerte, Ceciro! ¡Y ten cuidado allá abajo!" Misha le sonrió mientras él se alejaba, dirigiéndose hacia la salida del Gremio.
Mientras caminaba hacia la puerta, Ceciro no podía dejar de pensar en todo lo que le esperaba. Tenía mucho que aprender y muchos desafíos por delante, pero al menos ya no estaba completamente perdido. Con el registro completado y el consejo de Misha en mente, Ceciro salió del Gremio, listo para enfrentarse a lo que Orario tenía reservado para él.
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Con su registro como aventurero recién completado, Ceciro salió del Gremio con un leve peso en el bolsillo: el pequeño emblema de metal que lo identificaba como un aventurero independiente. Aunque el emblema era un símbolo de su nuevo estatus, no hacía mucho para aliviar la sensación de vulnerabilidad que sentía. Su cuerpo joven y sin cicatrices podía ser ágil, pero sin un arma o una armadura adecuada, la mazmorra seguía siendo una amenaza mortal.
La entrada a la mazmorra se encontraba al pie de la Torre de Babel, y Ceciro no tardó en llegar. A pesar del bullicio que siempre rodeaba la entrada, con aventureros y comerciantes por todas partes, se sentía extrañamente solo mientras descendía las escaleras hacia el primer nivel.
El primer nivel de la mazmorra era oscuro y ligeramente húmedo. La luz mágica de las paredes apenas lograba iluminar el camino, creando sombras que se movían y cambiaban con cada paso. Ceciro respiró hondo, consciente de que cada decisión que tomara aquí podría ser la diferencia entre la vida y la muerte.
**"Debo encontrar un lugar seguro,"** pensó, avanzando con cautela. Su única prenda, una simple túnica de tela, no ofrecería mucha protección si encontraba algún monstruo.
Después de caminar un poco, encontró una pequeña caverna, alejada del camino principal. Parecía un lugar lo suficientemente seguro para detenerse un momento. Se adentró en la caverna, asegurándose de que no hubiera ninguna criatura al acecho, y se acomodó contra una pared rocosa.
"Ahora… si tengo un sistema, debería haber alguna forma de acceder a mi inventario," murmuró para sí mismo. Sabía que en muchos mundos de juegos y manhwas, los personajes podían almacenar objetos en un inventario mágico, a veces accesible con solo un pensamiento.
Cerró los ojos y se concentró, intentando replicar la acción mental que había usado para abrir la ventana de estado. **Con un leve zumbido, una nueva ventana apareció frente a él:**
**[Inventory]**
Dentro de la ventana del inventario, pudo ver varios espacios vacíos, pero lo que realmente le llamó la atención fue un pequeño ícono que parpadeaba en la esquina superior izquierda. Era un cofre dorado, claramente marcado como una **Caja de Principiante**.
Ceciro sonrió al ver el ícono. "¡Perfecto! Justo lo que necesitaba," dijo mientras seleccionaba la caja. Al hacerlo, el cofre apareció frente a él, flotando en el aire.
Con una mezcla de curiosidad y esperanza, Ceciro abrió el cofre. La tapa se levantó con un sonido suave, y una luz cálida emanó de su interior mientras los objetos aparecían en su inventario uno por uno:
1. **Espada corta de principiante**: Una espada simple pero afilada, adecuada para alguien sin experiencia en combate. No era una gran arma, pero sin duda era mejor que nada.
2. **Túnica de cuero reforzado**: Una prenda de cuero que ofrecía una protección básica contra ataques y rasguños. No era una armadura pesada, pero definitivamente mejor que la túnica de tela que llevaba puesta.
3. **Pack de equipo de cuero**: Este pack incluía muñequeras de cuero, botas reforzadas y un cinturón ajustable. Las muñequeras proporcionarían protección adicional a sus brazos, las botas mejorarían su movilidad y resistencia en el terreno irregular de la mazmorra, y el cinturón no solo aseguraría su túnica, sino que también tenía pequeños compartimentos para llevar pociones u otros objetos pequeños.
4. **Poción de recuperación x3**: Pequeñas botellas de líquido rojo, conocidas en casi todos los juegos. Eran simples pociones de curación, capaces de restaurar su salud si resultaba herido.
5. **Mapa del primer nivel**: Un pergamino que, al desplegarlo, mostraba un mapa detallado del primer nivel de la mazmorra. Aunque no mostraba la ubicación de los monstruos, indicaba claramente dónde estaban las áreas más seguras y los puntos de interés.
6. **100 Valis**: Una pequeña bolsa de monedas de plata, la moneda corriente en Orario. No era una gran suma, pero le permitiría comprar provisiones básicas en la ciudad.
Ceciro dejó escapar un suspiro de alivio al ver el contenido de la caja. No era mucho, pero estos ítems eran exactamente lo que necesitaba para empezar. Cambió rápidamente su túnica de tela por la de cuero reforzado, sintiendo cómo el material más grueso le daba una sensación de seguridad. Luego, se colocó las muñequeras, ajustó el cinturón alrededor de su cintura y se calzó las botas reforzadas. Cada pieza encajaba perfectamente, como si estuviera hecha a medida para él.
Finalmente, sujetó la espada corta, balanceándola ligeramente en su mano para acostumbrarse a su peso.
"Esto es mucho mejor," pensó, sintiendo cómo su confianza aumentaba. Sabía que la mazmorra era peligrosa, pero ahora, al menos, no estaba completamente indefenso.
Guardó las pociones y el mapa en su inventario, asegurándose de que todo estuviera en orden antes de salir de la caverna. Tenía un objetivo claro en mente: explorar el primer nivel, ganar experiencia, y luego regresar al Gremio para considerar sus siguientes pasos. Con la espada en mano, salió de su pequeño refugio y comenzó a caminar por el oscuro pasillo.
A medida que avanzaba, los sonidos de la mazmorra comenzaron a hacerse más presentes: el leve goteo de agua, el susurro de algo moviéndose en la oscuridad, y de vez en cuando, el eco distante de una pelea. Ceciro mantuvo sus sentidos en alerta máxima, preparado para lo que pudiera encontrar.
Este era solo el primer paso de su viaje, pero Ceciro sabía que cada paso contaba. Con su sistema a su disposición, las herramientas básicas que había obtenido y su equipo de cuero reforzado, estaba listo para enfrentarse a lo que el primer nivel de la mazmorra tenía reservado para él.
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El pasillo oscuro de la mazmorra se extendía ante él, cada paso que daba resonando en el silencio inquietante. Ceciro mantenía la espada corta firmemente en su mano derecha, sintiendo el peso del acero como una pequeña pero reconfortante garantía de su supervivencia. Había oído rumores de que la mazmorra tenía vida propia, un ser consciente que respondía a la presencia de aventureros, generando monstruos sin cesar para desafiarlos.
Cada sombra que veía en la penumbra parecía moverse con intenciones propias, y aunque era solo su mente jugándole malas pasadas, la sensación de peligro inminente lo mantenía en un estado constante de alerta.
Fue entonces cuando, sin previo aviso, escuchó un crujido detrás de él. El sonido no era el usual eco de gotas de agua o el suave roce de las paredes; era un ruido mucho más aterrador, como si la roca misma se estuviera partiendo.
Ceciro se giró rápidamente, con los ojos abiertos de par en par. La pared que había dejado atrás, sólida y firme solo unos segundos antes, ahora se estaba agrietando y desmoronando ante sus ojos. Antes de que pudiera reaccionar, la roca se hizo añicos, y de la grieta surgió una figura baja y encorvada, con una piel verde y rugosa, y ojos amarillos brillando con malicia.
**Un goblin.**
El monstruo soltó un chillido agudo, mostrando una fila de dientes afilados mientras cargaba contra Ceciro con una agilidad sorprendente para su pequeño tamaño. No era grande, pero sus movimientos rápidos y su instinto asesino lo hacían peligroso.
Ceciro dio un paso atrás, levantando su espada justo a tiempo para bloquear el primer ataque del goblin, que blandía una daga oxidada en sus garras. El impacto resonó en sus manos, y aunque la fuerza del goblin no era excesiva, su velocidad y ferocidad compensaban con creces.
El combate se volvió frenético en cuestión de segundos. El goblin atacaba con una serie de rápidos tajos y puñaladas, obligando a Ceciro a retroceder mientras intentaba defenderse. Aunque había leído sobre goblins en juegos y libros, enfrentarse a uno en la vida real era completamente diferente. El miedo era real, el peligro era tangible, y cualquier error podría ser fatal.
Pero Ceciro no era un novato. A pesar de la tensión y el nerviosismo, su mente se mantenía enfocada, recordando las técnicas básicas de combate que había aprendido en sus juegos. Con un movimiento rápido, desvió una puñalada del goblin y contraatacó con un corte limpio. La espada encontró carne, y un chorro de sangre oscura brotó del hombro de la criatura.
El goblin aulló de dolor, pero en lugar de retroceder, se lanzó con más furia, como una bestia acorralada. Ceciro se preparó para el próximo ataque, pero en el último segundo, dio un paso hacia un lado, esquivando el embate del goblin y girando sobre sus talones. Con un grito de determinación, bajó su espada con todas sus fuerzas, atravesando la espalda del goblin.
La criatura soltó un gruñido agonizante antes de desplomarse en el suelo, su cuerpo temblando antes de quedar completamente inmóvil.
Ceciro respiró hondo, su pecho subiendo y bajando mientras intentaba calmarse. Había ganado, pero el combate le había recordado lo peligroso que era este lugar. Apenas había bajado al primer nivel y ya había tenido que luchar por su vida. Sabía que no podía bajar la guardia ni por un segundo.
Justo cuando se agachó para inspeccionar el cuerpo del goblin, una notificación emergió frente a sus ojos, proyectada por su sistema:
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**[Notificación del Sistema]**
**Has derrotado a un Goblin.**
Progreso hacia la actualización del sistema: 1/50.
Mata a 50 enemigos para desbloquear una actualización del sistema.
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Ceciro frunció el ceño mientras leía el mensaje. **"¿Una actualización del sistema?"** pensó. El concepto no era extraño para él, después de todo, los sistemas en juegos y manhwas a menudo se actualizaban o mejoraban a medida que el usuario progresaba. Pero la idea de tener que matar a 50 monstruos para obtener esa actualización lo dejó inquieto.
**"Cincuenta..."** murmuró, mirando el cuerpo del goblin. Este había sido solo uno, y le había costado bastante esfuerzo. **"Supongo que no hay otra opción. Necesito fortalecerme, y esta es la única manera."**
Ajustó la espada en su mano y se levantó. Había sobrevivido a su primer combate, pero este era solo el comienzo. Sabía que la mazmorra no sería clemente, y que cada paso que diera lo acercaría a más peligros. Sin embargo, también sabía que con cada enemigo que derrotara, estaría un paso más cerca de comprender y dominar el sistema que ahora formaba parte de su vida.
Ceciro miró hacia adelante, sus ojos llenos de determinación. **"Vamos a por esos cincuenta."**
Con una mezcla de miedo y resolución, continuó su camino por el oscuro pasillo de la mazmorra, sabiendo que cada encuentro podría ser el último, pero también confiando en que cada batalla lo haría más fuerte.
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Ceciro avanzaba con cautela por los corredores oscuros de la mazmorra, su corazón latiendo en un ritmo constante mientras mantenía todos sus sentidos alerta. Después de su primer encuentro con el goblin, había aprendido que la mejor forma de sobrevivir no era solo a través de la fuerza bruta, sino también utilizando su inteligencia y el sistema que ahora estaba a su disposición.
A medida que continuaba su exploración, el sistema le mostró un mapa rudimentario de su entorno. Las paredes y los pasillos de la mazmorra se desplegaban en un esquema sencillo pero útil, mostrándole los caminos que había recorrido y las posibles rutas por explorar. Aunque el mapa no mostraba la ubicación exacta de los enemigos, le permitía planificar su movimiento con anticipación y evitar encuentros innecesarios.
Fue así como desarrolló una táctica para enfrentar a los goblins, quienes aparecían con frecuencia a medida que se adentraba más en la mazmorra. En lugar de esperar a que ellos lo emboscaran, Ceciro empezó a preparar sus propias emboscadas, utilizando las esquinas y recovecos del terreno para sorprender a los monstruos.
El patrón de combate se repetía: Ceciro se colocaba en un punto estratégico, oculto en las sombras, y cuando un goblin pasaba cerca, lo atacaba con un golpe certero, aprovechando el factor sorpresa. Su espada, aunque sencilla, era efectiva, y tras cada enfrentamiento, los goblins se disolvían en polvo, dejando a veces tras de sí algún diente afilado o una oxidada arma rudimentaria. Estos restos los guardaba en su inventario, un lugar invisible y sin peso, accesible con solo un pensamiento.
Gracias a su cuidadosa planificación y ejecución, logró eliminar a varios goblins más sin sufrir heridas graves. Cada vez que sentía que el cansancio comenzaba a pesarle, se detenía en una esquina segura del mapa, ocultándose en la oscuridad para recuperar fuerzas. Sabía que no podía permitirse un error. Era demasiado débil en este momento como para enfrentarse a un grupo de goblins sin la ventaja de la sorpresa o un plan bien ejecutado.
Ceciro continuaba avanzando, su cuenta de enemigos eliminados aumentando poco a poco. El sistema registraba cada victoria:
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**[Notificación del Sistema]**
**Has derrotado a un Goblin.**
Progreso hacia la actualización del sistema: 15/50.
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Cada vez que recibía una notificación similar, sentía una mezcla de satisfacción y ansiedad. Sabía que estaba acercándose a su objetivo, pero también comprendía que los combates se volvían cada vez más difíciles a medida que su energía se agotaba y el número de enemigos aumentaba. A veces, los goblins no aparecían solos, sino en parejas, lo que lo obligaba a ser aún más cuidadoso y preciso en sus movimientos.
El tiempo en la mazmorra se volvía una neblina indistinta. No había manera de saber cuántas horas habían pasado desde que comenzó su exploración. Su cuerpo estaba agotado, pero su mente se mantenía alerta, impulsada por la adrenalina y la necesidad de sobrevivir. Después de su cuadragésimo combate, se tomó un momento para descansar en un pequeño recoveco, respirando pesadamente mientras su cuerpo se recuperaba del esfuerzo.
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**[Notificación del Sistema]**
**Has derrotado a un Goblin.**
Progreso hacia la actualización del sistema: 40/50.
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Ya había pasado más tiempo en la mazmorra de lo que había anticipado, y aunque sentía la fatiga acumulada en sus músculos, no podía permitirse abandonar ahora. Con cinco goblins más, alcanzaría la actualización del sistema, y estaba seguro de que lo que sea que obtuviera de ella le daría una ventaja crucial en este mundo peligroso.
Ceciro cerró los ojos por un momento, visualizando el mapa en su mente, buscando una zona adecuada para tender su próxima emboscada. Estaba decidido a llegar a los cincuenta goblins antes de salir de la mazmorra, y sabía que no podía permitirse el lujo de un enfrentamiento directo en su estado actual.
Después de trazar una ruta segura, se levantó, apoyando una mano en la fría pared de la mazmorra. Ajustó las muñequeras de su túnica y el agarre de su espada, recordando que era más fácil ser valiente cuando uno no estaba completamente indefenso. Luego, con pasos ligeros y silenciosos, continuó su caza, utilizando cada rincón del terreno para sorprender a los goblins antes de que tuvieran la oportunidad de reaccionar.
A lo largo del día, la cuenta de goblins muertos siguió aumentando. Cada encuentro era un poco más difícil que el anterior, pero Ceciro confiaba en su capacidad para anticipar sus movimientos. Finalmente, después de lo que le pareció una eternidad, logró derrotar a su cuadragésimo quinto goblin.
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**[Notificación del Sistema]**
**Has derrotado a un Goblin.**
Progreso hacia la actualización del sistema: 45/50.
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Ceciro observó cómo el cuerpo del último goblin se disolvía en polvo, dejando tras de sí solo una pequeña daga oxidada. Su respiración era pesada, su cuerpo cansado, pero su espíritu se mantenía firme. Sabía que estaba muy cerca de alcanzar su meta, y aunque cada combate era un riesgo, la promesa de una actualización del sistema le daba la fuerza para seguir adelante.
**"Cinco más,"** pensó, tomando la daga oxidada y guardándola en su inventario. **"Cinco más y veré qué es lo que este sistema realmente puede hacer."**
Con esa determinación en mente, Ceciro se preparó para continuar su caza, sabiendo que cada enemigo derrotado lo acercaba un paso más a la supervivencia en este nuevo y peligroso mundo.
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Ceciro avanzaba por los corredores de la mazmorra, el aire pesado y cargado con la sensación de peligro constante. Mientras seguía explorando, sus ojos captaron un movimiento en la penumbra a unos metros adelante. Se detuvo de inmediato, ocultándose tras una columna de piedra agrietada. Desde su posición, pudo ver a un grupo de tres goblins moviéndose lentamente, cada uno empuñando armas rudimentarias pero peligrosas: un garrote de madera, una daga mellada y un bastón astillado.
**"Tres a la vez… esto se complicará,"** pensó Ceciro mientras observaba a los goblins. Sabía que enfrentarse a tres enemigos simultáneamente no sería fácil, especialmente en su estado actual. Cerró los ojos un momento, repasando rápidamente las tácticas que había aprendido en sus juegos y novelas. Necesitaba un plan.
**[Notificación del Sistema]**
**Habilidad 'Análisis' activada.**
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**Nombre:** Goblin
**Nivel:** 2
**Estado:** Agresivo
**Debilidad:** Cabeza, Corazón
**Descripción:** Seres de baja inteligencia pero gran astucia en grupo. Prefieren atacar en números para abrumar a sus enemigos.
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La información que el sistema le proporcionaba era básica, pero útil. Sabía que tenía que actuar rápido, aprovechando el elemento sorpresa. **"Si los ataco rápido y con precisión, podría tener una oportunidad,"** se dijo, ajustando el agarre de su espada y preparando su cuerpo para el asalto.
Justo cuando se disponía a moverse, su agudo oído captó un sonido que le hizo tensarse. Desde lo profundo de la mazmorra, resonaban pasos apresurados, acompañados por gruñidos que ya empezaba a reconocer. Otros tres goblins se acercaban rápidamente, y si no se apresuraba, se vería rodeado.
**"Maldición... no hay tiempo que perder,"** pensó, eligiendo atacar a los tres goblins que tenía a la vista antes de que llegaran los refuerzos. Salió de su escondite y corrió hacia ellos con la espada en alto, apuntando directamente al goblin con el garrote, el más peligroso del grupo.
El ataque fue rápido y brutal. La espada de Ceciro se hundió en el costado del goblin antes de que este pudiera siquiera levantar su arma para defenderse. El monstruo soltó un gruñido ahogado mientras se desintegraba en polvo. Sin detenerse, Ceciro se giró hacia el segundo goblin, el que sostenía la daga. Este logró reaccionar a tiempo, lanzándose hacia Ceciro con un chillido salvaje.
Ceciro esquivó por poco la puñalada, sintiendo el filo de la daga rozar su brazo izquierdo, dejando una herida superficial pero dolorosa. Ignorando el dolor, contraatacó, cortando al goblin a través del pecho con un golpe horizontal. El goblin dejó caer su arma mientras su cuerpo se desintegraba como el anterior.
Solo quedaba un enemigo del primer grupo, el goblin con el bastón. Este, con ojos llenos de odio, blandió su arma en un desesperado intento por derribar a Ceciro. Pero Ceciro, aún impulsado por la adrenalina, esquivó el ataque con agilidad y clavó su espada en la cabeza del goblin. Un último gruñido escapó del monstruo antes de convertirse en polvo.
El esfuerzo dejó a Ceciro jadeante y su brazo izquierdo sangraba profusamente. No tenía tiempo que perder, ya que los otros tres goblins estaban peligrosamente cerca, sus gruñidos se volvían más fuertes y cercanos con cada segundo que pasaba.
**"¡Ahora no!"** Ceciro maldijo mientras sacaba una de las pociones de su inventario, un frasco pequeño lleno de líquido rojizo. Sin dudarlo, descorchó la botella y bebió el contenido de un trago. El líquido descendió por su garganta, cálido y revitalizante, y sintió cómo la herida en su brazo comenzaba a cerrarse casi al instante, dejando solo una cicatriz pálida como evidencia del corte.
**[Notificación del Sistema]**
**Has usado una poción de recuperación menor.**
**Heridas restauradas: 80%.**
**Estado: En recuperación parcial.**
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El alivio fue inmediato, pero Ceciro sabía que aún no estaba a salvo. Guardó la botella vacía en su inventario, asegurándose de que no quedara ningún rastro de ella, y preparó su espada para el siguiente combate. No podía permitirse otra herida seria; estos tres goblins podrían ser los últimos obstáculos antes de que alcanzara la actualización del sistema.
Tomando una posición estratégica detrás de una gran roca, Ceciro esperó con la respiración contenida mientras los nuevos goblins se acercaban. **"Tres más,"** pensó con determinación, su mente corriendo a toda velocidad. **"Tres más y estaré un paso más cerca de sobrevivir en este maldito lugar."**
El combate estaba lejos de terminar, pero Ceciro estaba dispuesto a hacer todo lo necesario para salir victorioso.
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Ceciro estaba en posición, esperando pacientemente detrás de la roca mientras los tres goblins se acercaban. La tensión en el aire era palpable; el olor de la sangre y el sudor lo rodeaba, recordándole lo frágil que era la línea entre la vida y la muerte en esta mazmorra. Su respiración se mantenía controlada, sus sentidos agudizados. Sabía que debía actuar con rapidez y precisión si quería sobrevivir.
El primer goblin apareció, sus ojos inyectados en sangre y sus movimientos bruscos. Ceciro lo observó con calma mientras ajustaba el agarre de su espada, esperando el momento adecuado para atacar. Cuando el goblin estuvo lo suficientemente cerca, Ceciro se lanzó con una velocidad inesperada, su espada descendiendo en un arco mortal. La hoja atravesó el pecho del goblin, quien dejó escapar un gruñido agudo antes de disolverse en una nube de polvo brillante. Las pequeñas partículas flotaron en el aire por un momento antes de desaparecer.
Los otros dos goblins reaccionaron instantáneamente, soltando gruñidos de furia mientras cargaban hacia él. El segundo goblin, armado con un cuchillo oxidado, se movió con rapidez, lanzando una estocada hacia el abdomen de Ceciro. Pero Ceciro, anticipando el ataque, giró sobre su talón, esquivando la cuchillada y contraatacando con un golpe de la empuñadura de su espada directamente en la cabeza de la criatura. El impacto fue contundente; el goblin se tambaleó antes de caer al suelo, desintegrándose en polvo.
El tercer goblin, un poco más grande y más fuerte que los anteriores, levantó su garrote improvisado, un trozo de madera con clavos oxidados incrustados en él. Ceciro notó el odio en los ojos de la criatura, un odio que reflejaba la desesperación de un ser acorralado. El goblin soltó un rugido y arremetió con toda su fuerza, pero Ceciro, con un movimiento calculado, dio un paso lateral, evitando el garrote que golpeó el suelo con un sonido sordo.
Antes de que el goblin pudiera recuperarse, Ceciro lanzó su espada hacia adelante en una estocada precisa. La hoja perforó el torso del goblin, quien soltó un grito ahogado mientras su cuerpo se desintegraba lentamente en polvo. Ceciro mantuvo su posición, observando cómo las partículas se dispersaban en el aire, dejando el pasillo de la mazmorra en un silencio sepulcral.
**[Notificación del Sistema]**
**Goblins derrotados: 51/50.**
El mensaje apareció ante sus ojos, flotando en el aire como una señal de su éxito. Ceciro respiró profundamente, sintiendo una mezcla de alivio y agotamiento. Había superado el objetivo, y con ello, algo dentro de él comenzó a cambiar. Sabía que la prometida actualización del sistema estaba a punto de ocurrir, y su mente se llenó de preguntas sobre qué nuevas habilidades o recursos podría desbloquear.
El pasillo donde había librado la batalla estaba en silencio, pero Ceciro sabía que no podía bajar la guardia. La mazmorra tenía vida propia, y no le daría mucho tiempo para descansar. Sin embargo, este breve respiro le permitió reflexionar sobre lo que acababa de lograr. Se miró las manos, aún temblorosas por la adrenalina, y luego observó su entorno. A lo lejos, las paredes de la mazmorra parecían pulsar levemente, como si estuvieran vivas, respondiendo a la presencia de un nuevo poder dentro de él.
Mientras Ceciro se preparaba para lo que vendría, una sensación de determinación lo invadió. No importaba qué desafíos le esperaran a continuación, estaba dispuesto a enfrentarlos con todo lo que tenía. La actualización estaba cerca, y con ella, la posibilidad de cambiar el curso de su destino en este mundo peligroso.
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Ceciro limpió la sangre de su espada con un trapo improvisado mientras su mente se enfocaba en los próximos pasos. Había superado los desafíos inmediatos de la mazmorra y ahora su sistema le notificaba que había alcanzado el objetivo de derrotar a 50 goblins. Mientras intentaba recuperar el aliento, un nuevo mensaje apareció frente a él, proyectado en su visión como una ventana etérea.
**[Notificación del Sistema]**
**Felicitaciones, has alcanzado el umbral necesario para la primera actualización del sistema.**
**Advertencia: La actualización requiere un período de 24 horas de inconsciencia. Durante este tiempo, estarás completamente vulnerable. Se recomienda buscar un lugar seguro antes de aceptar.**
Ceciro frunció el ceño mientras leía el mensaje. Sabía que estar inconsciente durante tanto tiempo en una mazmorra como esa sería un suicidio. Debía salir de inmediato y encontrar un lugar seguro donde no corriera el riesgo de ser atacado. Con determinación, guardó su espada y comenzó a moverse con cautela por los pasillos, utilizando el mapa de su sistema para guiarse hacia la salida.
Sin que él lo supiera, cuatro figuras lo observaban desde las sombras de un corredor cercano. Sus siluetas se mantenían ocultas entre las sombras, pero sus ojos seguían cada movimiento de Ceciro con una mezcla de sorpresa e incredulidad. Eran aventureros experimentados, veteranos de la mazmorra que habían estado explorando esos niveles bajos cuando vieron al joven enfrentarse a los goblins.
El líder del grupo, un hombre alto y musculoso con una armadura pesada, intercambió una mirada con sus compañeros. **"¿Viste cómo manejó a esos goblins? No parece tener la experiencia de un veterano, pero se mueve como uno,"** comentó, su voz baja pero firme.
**"Es raro verlo aquí solo,"** respondió una mujer delgada con una larga capa que le cubría casi todo el cuerpo. **"Cualquiera que esté solo en esta mazmorra, y más en estos niveles, tiene que estar loco o ser increíblemente fuerte."**
Un tercer miembro del grupo, un hombre de mediana edad con una cicatriz en el rostro, asintió. **"No tiene el equipo de un aventurero experimentado, pero su habilidad es innegable. Lo que me preocupa es su falta de cautela. ¿No se da cuenta de que lo estamos observando? Podríamos haberlo atacado en cualquier momento."**
El cuarto miembro, un joven con una expresión seria, murmuró mientras continuaba observando a Ceciro. **"Podría estar concentrado en algo más. No es común que alguien pase tanto tiempo solo aquí. Tal vez tiene un objetivo específico en mente."**
Mientras el grupo discutía en susurros, Ceciro seguía avanzando, sin saber que estaba siendo vigilado. Su único objetivo era salir de la mazmorra antes de aceptar la actualización. Cada paso lo acercaba más a la superficie, pero también lo dejaba vulnerable. Su mente estaba ocupada planeando su salida, lo que lo hacía ignorar cualquier otro detalle a su alrededor.
Finalmente, Ceciro llegó a un punto en el mapa que indicaba una salida cercana. Sin embargo, justo cuando pensaba que estaba a salvo, un presentimiento lo hizo detenerse por un segundo. Miró a su alrededor, pero no vio nada inusual. Decidió que no podía arriesgarse a perder más tiempo y continuó hacia la salida.
Los observadores lo dejaron pasar sin intervenir, aún intrigados por lo que acababan de presenciar. **"Deberíamos seguirlo,"** sugirió la mujer de la capa. **"Podría ser interesante ver qué hace a continuación. Y si realmente es tan fuerte como parece, podría ser un aliado útil... o un enemigo peligroso."**
**"De acuerdo,"** respondió el líder. **"Mantengamos nuestra distancia y veamos adónde va. Pero no nos acerquemos demasiado. No queremos asustarlo... aún."**
Y así, mientras Ceciro se dirigía a la superficie, el grupo lo seguía en silencio, curiosos por descubrir más sobre este misterioso joven que había mostrado habilidades sorprendentes en el corazón de la mazmorra.
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