1 La colisión

Cuando la luz cae y la oscuridad se cierne, El Archidiablo aparece, se sabe que desde que el universo fue creado comenzó a expandir la miseria, encadenando a un mundo joven y repleto de vida en las profundidades del abismo.

Manipuló tanto a los mortales como a los dioses, halló la felicidad en su desesperación, creando así, un ciclo que se repite en una espiral de dolor y sufrimiento eternas, una cruel rueda destinada a girar en un ciclo agónico.

Muchos fueron los que trataron de detenerlo, de restringirlo, de alejarlo de las puras e inocentes almas que habitaban la existencia, pero el mero hecho de involucrarse con él, llevó a esos protectores, esos guardianes, a meterse en un pozo negro del que nunca saldrían.

Ha difundido mentiras, odio, traición, engaño... Todo con su lengua de plata, una que se dice es más afilada que cualquier espada y más perjudicial que cualquier veneno.

A pesar de todo esto, sigue sin estar satisfecho, ha día de hoy continúa ocupando su trono, a día de hoy continua causando terror a todos aquellos a los que no ha atado ya al vacío.

¿Derrotado? Muchas veces ¿Asesinado? Otras cuantas.... No es tan fácil, siempre vuelve y siempre volverá, mientras esos ineptos celebran una victoria no se dan cuenta de que él se encuentra lamiendo sus heridas en el interior del Abismo.

Hay muchos registros sobre él, sus capacidades, poderes, intenciones, procedencia.... Pero su discurso más extendido fue....

´´¿Cuántos caerán? ¿Cuántos suplicarán? ¿Alguien debe ser salvado? Dulce, dulce compasión, eso no es para nosotros ¡Lo sé muy bien! ¡Id a hacer sufrir a la gente! ¡Veamos como los cimientos de la realidad se desmoronan! ¡Veamos cómo piden perdón! No somos dioses, no somos demonios. Somos los Finalizadores, terminamos sus patéticas esperanzas y sus inmundos sueños.

Llegará el día en el que todo sea teñido por las tinieblas, llegará el día de las súplicas, ¡Mortales habéis crecido arrogantes y sin miedo! ¡Es hora de que sintáis el horror, el sentimiento de verdadera angustia porque el reloj a marcado el final del sueño!

Pero hasta que ocurra.... seguid viviendo con temor en el corazón, seguid buscando ayuda, venid con todo vuestro poder y luchad en la sima oscura, sabed que no se me puede ver ni oír, pero si escuchar y temed escuchar mis palabras.

Lamentablemente algo se ha interpuesto en el aciago destino que sin duda sacudiría a la creación.

Existe un Dios llamado Suicul, aquel que controla ''La Puerta'' Su trabajo es mantener los mundos separados unos de otros, pero hubo una excepción, el mundo habitado por El Soberano de las Tinieblas, aquel conocido como Dand colisionó con otro llamado Artch, provocando así una fusión de realidades.

Sin mucho interés por las nuevas tierras y sus misterios, aquel que ocupa el trono superior dejó a cargo la situación a Asmodeus, el Rey del Noveno Círculo del Infierno, este demonio comandó a las tropas del fin del mundo y cabalgó a las calamidades, pero se encontró con algo inesperado.

Así como en Dand, en Artch existían los Dioses, Asmodeus comenzó con la invasión de muchos territorios, pero al final se la tuvo que ver con El Dios de la Verdad, aquel al que llamas soberano y terminó derrotado y sellado en uno de los lugares más recónditos del mundo.

¿Cómo se supone que Abaddon reaccione a esto? ¿Cómo se supone que tome esta situación el Dios del Abismo? El trono de Noveno Círculo reposa vacío, acercándose a él hay 5 demonios, el Finalizador se sienta y un pentagrama aparece en el suelo, en cada pica se sitúa un oscuro, pero una queda libre.

—Mi señor ¿Qué piensa hacer?—Preguntó un demonio de piel morada, su constitución era la de un guerrero, además su altura no era motivo de mofa, alrededor de 1.90, vestía con túnicas negras con detalles dorados y cristalinos, en su cabeza 4 cuernos de color negro se alzaban a izquierda y derecha, sus iris eran dorados, el resto de los ojos negros además en su mano derecha una enorme guadaña con una gema púrpura en la base del filo realzaba su presencia intimidante.

—¿Qué que pienso hacer?—Alzó la voz, todo el ambiente se vuelve helado, un pequeño escalofrío recorrió los cuerpos de los demás—Bueno... Este lugar parece más interesante que el anterior.

El ser demoníaco de la pica trasera al trono rio siniestramente mientras observaba tanto al demonio morado como a su amo.

—¿Qué pasa?—Preguntó con una seriedad que rozaba el sarcasmo.

—Amo, ¿Ha llegado el momento de hacer caer a más divinidades? ¿El de hacer sufrir a la gente? En este mundo hay bastante población—Volvió a reír.

—Nuestra prioridad debería de ser liberar a Asmodeus, cometió varios errores, pero ni siendo sellado se va a librar de servir al maestro—Replicó otro demonio, el de la pica izquierda al trono.

—Bueno....—Se dio el lujo de observar a todos sus acompañantes, eran entes que podrían catapultar a la locura a cualquiera con su mera presencia—Me he tomado la molestia de enviarle un mensaje a ese Dios, iré a hablar con él dentro de unos días.

Tras las palabras del Señor Oscuro todos los demonios lo miraron con expectación, miradas sangrientas, terroríficas, podridas, sabían quien era su señor, sabían que algo estaba por ocurrir.

—Graham, Xhantanael, Ialdabaoth, Demiel, soplan vientos de cambio—Exclamó—Os lo he dicho tantas veces... Pero nunca me canso. El mundo tal y como lo conocemos es un pozo oscuro sin valor por el cual vagan las almas entre alaridos de arrepentimiento, para hacer más llevadera esta experiencia.... Es necesario utilizar todo lo que está en nuestras manos, si las almas gritan por gritar las haremos hacerlo a nuestro son, si se mueven sin un rumbo bailarán a nuestra conveniencia y si buscan algo haremos de su travesía la odisea más cruel y horrible posible. Sorprendedme con vuestros actos.

Unas sonrisas llenas de emociones oscuras terminaron de cargar de energía negativa hasta el último punto de aquel lugar tan tétrico.

—Será como su excelencia lo desee—Dijeron todos observando a su amo, ni si quiera tenía una forma definida, era más bien algo etéreo, un ente que camina entre la racionalidad y la locura, un ente que con una mano toca la realidad y con otra la nada, la forma era más o menos humanoide y gaseosa, de sus ojos y boca salía una luz blanca tenue que parecía ser más intensa debido a los colores de su forma, rojos y negros.

—Me marcho, organizad a la escoria de los círculos inferiores—Proclamó su despedida y sin más desapareció del Noveno Círculo.

Después de desaparecer Abaddon, Ialdabaoth estalló en carcajadas, es ser portaba ropa muy elegante, era todo un caballero noble con ligeros toques de picardía, zapatos negros, pantalones de vestir y camisa de color carmesí acompañados por una gabardina azul como el agua turbia, su altura debía de rondar el 1.86 y su constitución no era algo muy sorprendente que se diga, era normal, su pelo estaba muy bien peinado hacia la derecha, este era de un color carmesí que lentamente se degradaba según se acercaba a su nuca hasta convertirse en azul, algo curioso era que él no portaba ninguna arma, solo un par de guantes blancos que por cierto eran totalmente opuestos al color de sus ojos.

Xhantanael continuó observando el trono mientras todo su cuerpo temblaba de excitación, su estructura era algo curiosa, el era en verdad alto, unos 2.5 metros, de pies hasta rodilla tenía patas de cabra, por el resto parecía la anatomía de un hombre, exceptuando que sus brazos eran bastante grandes y sus manos poseían afiladas garras y que este ser se presentaba en un estado de putrefacción demencial, eso sí, las partes podridas estaban perfectamente alineadas, casi parecía que su figura hubiera sido esculpida a propósito, lo que ya no era tan perfecto era la parte de cuello para arriba, su rostro era un cráneo de cabra además tenía dos cuernos de gran grosor que que se cruzaban en ellos mismos en la cabeza, cabe recalcar que a diferencia de sus congéneres que portaban ropas muy elegantes el únicamente portaba una túnica azabache de cintura para abajo.

Por último, Demiel, hacía movimientos erráticos a la vez que sonreía de forma macabra, le estaban dando espasmos de la emoción, en esencia el era bastante parecido a Ialdabaoth en altura, constitución y ropas, en ese momento el traje de Demiel era morada, los aspectos a destacar que los diferencian son que Demiel a diferencia de Ialdabaoth posee una cola gruesa terminada en pica y una orejas largas como las de un elfo además en cuanto a facciones del rostro Demiel parece alguien un tanto mayor que su compañero.

La emoción se respiraba en el ambiente, El Rey del Abismo iba a tomar ficha de nuevo, bueno, ´´Rey´´ Ese termino ya no podía aplicar, Rey, es aquel que se queda en sus territorios consolidados, y él no hacía eso, el más bien era un Emperador Disnomiano, uno que expandía la desgracia a unos niveles en los que cada persona afectada se preguntaría seriamente ¿Por qué a mi? ¿Por qué tanta fijación em mi persona? No es fijación.... Es solo que a esta gente le gusta su trabajo.

Como si de la presencia de su señor dependiera, el trono se desmoronó, eso sí, el pentagrama se mantuvo.

—Iré por Ferno y Mammon—Proclamó Xhantanael—Misery y Habiel también deben de comenzar a trabajar.

—Ah.... ¿Debería de ir por los caballos?—Dijo el segador.

—Es muy pronto para eso—Replicó Ialdabaoth—Pero bueno....—Sonrió de forma siniestra—Nunca está de más sacarlos de sus establos.

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