48 Capítulo 48 – Levántate el vestido

Translator: Nyoi-Bo Studio Editor: Nyoi-Bo Studio

Al ver que su mujer se había vuelto obediente, Li Sicheng esbozó una sutil sonrisa. Miró hacia abajo y vio los labios de Su Qianci ligeramente abiertos, como si tuviera miedo de él.

¡Tentador!

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Li Sicheng aguantó el deseo que había sido iniciado por Su Qianci y susurró con satisfacción:

—Eso es. Sé una buena chica.

Su voz era hipnotizante. Su Qianci sentía como si una pluma estuviera acariciando sus oídos, provocándole escalofríos.

¡Este hombre era una tentación!

Li Sicheng se levantó, mirando a la mujer a la que había obligado sentarse en la esquina del sofá. Miró hacia abajo y sacó la pomada para quemaduras.

—Levántatelo.

Su Qianci se sintió mareada y sonrojada; luego, se levantó rápido. Intentó alcanzar la pomada y mencionó:

—Puedo hacerlo yo misma.

Li Sicheng medía más de 1,80m, mientras que Su Qianci no medía mucho más de 1,50m, así que no había manera de que ella pudiera ganar. Li Sicheng echó el brazo hacia atrás, por lo que Su Qianci ni siquiera llegó a tocarle la mano y terminó lanzándose entre sus brazos. Lo primero que pensó Su Qianci fue que él estaba muy caliente. Depués sintió el dolor. Frotándose la nariz, que había chocado contra el pecho de Li Sicheng, Su Qianci estaba a punto de llorar.

Lo que no vio es que Li Sicheng había movido ligeramente los labios. La sonrisa había sido tan leve, que desapareció al instante.

Él miró hacia abajo con sus oscuros ojos.

—Así que ofreciéndote, ¿verdad?

Su Qianci se echó hacia atrás de repente. Por Dios, no pretendía hacer eso.

Mirando su estómago de nuevo, Li Sicheng repitió:

—Levántatelo.

—No.

—Voy a ponerte la pomada.

—Yo...

La cara de Su Qianci estaba ardiendo de pura ira. Mientras pensaba en qué decirle para rechazarlo, la mano de él estaba frente a sus ojos.

Levantándole el vestido, Li Sicheng no iba a permitir discusión alguna. Su Qianci gritó e intentó bajarse el vestido, pero él le quitaba las manos con fuerza.

—Quieta. Deja que te ponga la pomada.

—Puedo hacerlo yo misma.

—Has cocinado para mí y yo voy a hacer esto por ti. Estoy siendo justo.

—No hace falta. Vete y come algo.

—Déjame hacerlo —dijo Li Sicheng, un poco disgustado—. No pruebes mi paciencia.

Su Qianci paró y lo dejó curarla. Está bien. Era solo una pomada. Él ya había visto todo de ella, así que supuso que no pasaba nada.

Este hombre era tan terco que era imposible hacerlo cambiar de opinión. Su Qianci conocía bien su carácter, así que hizo una mueca y se subió un pocoel vestido.

Empapando un bastoncillo, Li Sicheng le limpió la piel lentamente. Sus movimientos eran delicados, así que Su Qianci no sintió ningún dolor.

Sin embargo, le hacía cosquillas. Su Qianci se mordió los labios con fuerza, por miedo a empezar a reírse a carcajadas. Después de limpiar la piel, Li Sicheng empezó a ponerle la pomada.

Al sentir el frío en su piel, Su Qianci entrecerró los ojos y trató de no moverse. Le hacía muchas cosquillas. Además, empezó a subir una extraña sensación desde ahí abajo que se apoderaba de ella de a poco.

Li Sicheng notó con claridad el cambio en su cuerpo. Sus ojos se oscurecieron mientras recordaba el sabor de ella aquella noche. De modo inconsciente, se humedeció los labios.

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