1 Capítulo 1

Bajo las escaleras cautelosamente, los latidos de mi corazón incrementan gradualmente, siento que mi respiración se agita, al llegar a la mitad de las escaleras veo una escena aterradora, mi padre esta tendido en el suelo, hay un charco de sangre a su alrededor, mi madre está sentada junto a él, ve con ojos de terror a los tres hombres con pasamontañas frente a ella, uno de ellos está apuntándola con un arma, entro en pánico, no puedo moverme, por alguna extraña razón mi cuerpo no responde las ordenes de mi cerebro, veo a mi madre con miedo, sus ojos se posan en los míos.

— Halley corre. — Grita mi madre.

El hombre que la apunta con el arma dispara inmediatamente, mi madre cae al suelo junto a mi padre, vacilo por un segundo y comienzo a subir las escaleras lo más rápido que puedo mientras los hombres me persiguen, tropiezo con el último escalón, uno de los hombres me toma por el tobillo, le pego patadas en las piernas y el abdomen con todas mis fuerzas, el sujeto cae por las escaleras llevándose en el camino a los otros dos, me levanto y sigo corriendo por el pasillo, entro a la habitación de Jonathan, mi hermano, cierro la puerta con llave, me quedo sin habla por un momento, recupero el aliento mientras Jonathan me ve desconcertado.

— Jonathan escóndete en el armario. — Digo tomándolo por el brazo.

Jonathan no parece comprender lo que está ocurriendo, da un paso atrás y se quita los audífonos de los oídos.

— ¿Que sucede? Halley ¿Por qué estás llorando? — Dice alarmado.

— Tres hombres. — Digo con la voz entrecortada. — Quieren asesinarnos. ¡Escóndete Jonathan! Métete en el armario. ¡Apresúrate!

— Hay lugar para los dos en el armario, entra conmigo. — Suplica.

— No puedo, tengo que distraerlos, te mantendré a salvo, lo prometo. — Sonrío, más bien con preocupación. — Vamos a estar bien.

Podemos escuchar como intentan abrir la puerta, los golpes son cada vez más fuertes, ambos damos pequeños saltos cada vez que se escucha un golpe, estamos aterrados, casi puedo escuchar los latidos de mi corazón, tengo un nudo en la garganta, respiro profundamente y pienso, tengo que poner a salvo a Jonathan.

— Ve al armario, yo estaré bien. — Digo con lágrimas en los ojos.

Jonathan entra al armario sin decir una palabra, las lágrimas recorren sus mejillas, en su rostro está plasmado su miedo, intento ser fuerte y parecer tranquila por él, no quiero asustarlo más de lo que está.

— Te mantendré a salvo; pase lo que pase no hagas ni un ruido.

Veo a mi hermano una última vez. Jonathan asiente con la cabeza, sus ojos aterrorizados se fijan en los míos, finjo una sonrisa para tranquilizarlo mientras cierro la puerta del armario.

Tomo el bate de Jonathan mientras espero a que abran la puerta o se den por vencidos, escucho como uno de ellos intenta abrirla a patadas, finalmente la puerta sede, se abre con mucha fuerza topando en la pared al abrirse por completo, la adrenalina sigue fluyendo, mi reacción es golpear al primero que entra, le pego muy fuerte en el estómago haciendo que este saque todo el aire de sus pulmones e intente tomar bocanadas de aire mientras cae al suelo, al siguiente lo golpeo en un brazo, en el hombro y por último en la cabeza haciéndolo perder el equilibrio, el ultimo entra e intenta quitarme el bate, no logro golpearlo, el primero que golpee se levanta y me toma por la cintura, el que no logre golpear me quita el bate lanzándolo al otro lado de la habitación, lucho para poder soltarme pero no puedo, aquel hombre me toma con mucha más fuerza, pisoteo su pie, pero no lo suficientemente fuerte como para que me deje ir.

— ¿Dónde está tu hermano? — Pregunta uno de los sujetos con lo que para mí parece una voz fingida.

— Esta en la casa de un amigo. Se fue hace una hora.

— No te creo ¿Dónde está? — Abre la puerta del baño de la habitación de Jonathan.

— No está en casa, ya les dije.

— ¿Donde esta? — Grita con furia.

Saca un cuchillo, lo pone en mi garganta, me ve a los ojos, sus ojos son café oscuro, parecen no tener nada de vida, es como que, si no tuviese alma, de los tres él es quien me da más miedo.

— Llámalo para que venga a casa entonces. — Saca un celular de su bolsillo.

— Vete al carajo. — Le escupo en la cara.

Él muy molesto se limpia el ojo con su guante de lana negra, el que me sujeta me hace dar unos cuantos pasos para atrás y me sujeta con más fuerza.

— Es la última vez que te lo pido, llama a tu hermano ahora. — Dice aún más molesto que antes, tengo miedo de que en cualquier momento me apuñale con ese cuchillo por lo molesto que está. — Contaré hasta 3 y si no lo llamas voy a cortar ese lindo cuello que tienes.

Yo solo me limito a mirarlo a los ojos, no me muevo ni un centímetro, siento como se vuelve más difícil respirar por el miedo, intento parecer inexpresiva, aunque por dentro estoy aterrada.

— Uno.

Tomo el teléfono, aparto la mirada de aquel sujeto y pretendo sonreír.

— Dos.

Arrojo el celular contra la pared con todas mis fuerzas haciendo que se rompa, las partes se dispersan por el suelo, aquel hombre me ve, sé que está planeando donde apuñalarme primero.

— Acabas de agotar mi paciencia chica idiota. — Me pega con el dorso de su mano en el pómulo, mi cabeza rota con violencia hacia un lado.

— No le hagan daño. — Grita mi hermano saliendo del closet. — Ya déjenla.

— ¡NO! Corre Jonathan, sal de aquí. — No había llorado hasta ese momento, mi corazón deja de latir un segundo o al menos eso siento.

Jonathan corre hacia la puerta, pero el hombre con el cuchillo lo detiene y lo apuñala por la espalda.

— ¿A dónde crees que vas? — Vuelve a apuñalarlo haciéndolo caer al suelo.

— ¡No! — Grito con desesperación. — Suéltalo.

El sujeto del cuchillo se da la vuelta, de su cinturón toma otro cuchillo y se lo da a quien me sujeta, él me ve un poco asustado, me empuja hacia el suelo con mucha fuerza.

— Hazlo ahora. — Le ordena, casi como amenazándolo.

— No quiero que me veas. — Me grita.

Yo no hago más que clavar mi mirada en sus ojos, al menos si va a tener el valor de matarme va a recordar mi mirada todos los días de su vida. El hombre que no está haciendo nada se queda parado en la puerta, se da la vuelta para no ver, el que aún está decidiendo si apuñalarme o no lleva su mano a su cabeza, cierra los ojos y dejándose llevar se inclina para poder apuñalarme, el primero no lo siento después de que ha cortado los primeros centímetros de mi piel y musculo, el siguiente duele más que el anterior y así sucesivamente, intento defenderme, pero este corta levemente mi brazo, veo a mi hermano, pero el ya no hace nada por defenderse, ya perdió las fuerzas para hacerlo. Aquel sujeto se pone de pie y va a la puerta, la mano que sostiene el cuchillo tiembla. El teléfono de mi casa suena, el que apuñalaba a mi hermano se detiene de golpe, limpia el cuchillo en el pantalón de mi hermano y salen los tres de la habitación, veo sangre por todas partes, de lo que creo que es mi sangre se salpicó la cama de mi hermano. Veo a Jonathan, él aún se mueve, se queja mayormente, creo que nunca podré sacar de mi cabeza aquellos gritos de dolor y desesperación. Con mi mano izquierda tomo mi celular que aún está en el bolsillo de mi pantalón, marco el número de emergencias dejando algo de sangre en la pantalla del celular.

— Ayuda. — Digo con una voz quebradiza. — Les dispararon a mis padres. Mi hermano. — Digo sollozando — Nos apuñalaron, ayuda, por favor.

— ¿Cuál es su ubicación? — Pregunta la operadora.

— 818 avenida Meridian.

— ¿La persona que hizo esto aún esta allí?

— Fueron tres, se fueron hace unos minutos.

— La ayuda va en camino, me quedare en línea hasta que llegue alguien con usted.

— Mi hermano aún está vivo. — Me quiebro en llanto. — Apresúrense. Hay demasiada sangre, está en todas partes, no se cuanto más podamos resistir.

Con el celular en la mano me arrastro poco a poco hasta donde esta Jonathan, el me ve con los ojos levemente abiertos, dejo el celular frente a mi rostro y tomo la mano de Jonathan.

— La ayuda viene en camino, resiste. — Intento tranquilizarlo.

— Duele mucho Halley ¿Voy a morir? — Dice llorando, su mano tiembla. — Voy a morir Halley. — Afirma esta vez con su temblorosa voz.

— No, no digas eso, ambos vamos a estar bien.

Hay un minuto de silencio, ambos nos retorcemos del dolor, veo constantemente a Jonathan para asegurarme de que aún está consciente.

Hay un minuto de silencio, ambos nos retorcemos del dolor, veo constantemente a Jonathan para asegurarme de que aún está consciente

°°°°°°

— 116 responda. — Dice un hombre por el radio.

— Aquí patrulla 116. — Dice el oficial Lawrence acercando el radio a sus labios.

— Atención patrulla 116, los necesito en 818 de la avenida Meridian se reportan disparos y posiblemente heridos.

— En camino. — Contesta el oficial McDowell.

Ambos suben al auto a toda prisa, McDowell enciende la sirena mientras Lawrence conduce sin medir su velocidad.

— Patrulla 116, hay una emergencia en 818 de la avenida Meridian, reportaron disparos, posibles heridos. — Repiten por la radio nuevamente.

— Ya estamos en camino. — Dice McDowell confundido.

— Entendido. — Responden por el radio.

— Eso fue raro Lawrence. — Dice McDowell sacando un par de guantes de su bolsillo.

°°°°°

No puedo sacar de mi mente el momento en que le dispararon a mi madre, la mirada en sus ojos cuando me vio allí parada, la manera en que aquellos hombres me vieron cuando se percataron de mi presencia, pero sobre todo el momento en que encontraron a Jonathan en el armario.

— Lo lamento. — Digo entre sollozos.

— No es tu culpa, intentaste salvarme. — Dice Jonathan haciendo su máximo esfuerzo al levantar su cabeza para mirarme.

— No fue suficiente.

— No te culpes por esto — Dice con una voz muy débil y entrecortada. — Te amo Halley.

— Yo también te amo. — Jonathan cierra los ojos un instante — No te duermas. — Digo asustada.

Agito su mano enérgicamente para hacerlo reaccionar. Jonathan tose y suelta mi mano, ha perdido mucha sangre, está helado y pálido, está entrando en estado de shock.

Alguien abre la puerta, levanto un poco mi cabeza y veo a un policía en la puerta, suspiro aliviada al verlo.

— ¡McDowell! — Grita el oficial después de observarnos un momento.

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Se acerca a mí y examina mi tórax, hace presión en las heridas para intentar parar el sangrado, hago un gesto de dolor en el instante que las manos del oficial hacen contacto con mis heridas.

El otro oficial entra corriendo a la habitación, se pone de rodillas junto a Jonathan, toma su muñeca para verificar si tiene pulso.

— Su pulso es débil. — Le dice el oficial McDowell al primer oficial en tono de preocupación.

A lo lejos se escucha una ambulancia, ambos policías se ven y el segundo sale de la habitación.

— ¿Cómo te llamas? — Pregunta el oficial — Yo soy el oficial Lawrence.

Hago un intento de hablar, sin embargo, me ahogo con mi propia saliva, trato de nuevo, pero es inútil.

Cada respiración es más agoniosa que la anterior, el dolor se torna cada vez más intenso, veo a mi hermano e imagino el inmenso dolor que siente en ese instante. Se escuchan pasos en el pasillo, entran dos paramédicos a la habitación, evalúan a Jonathan y lo ponen rápidamente en una camilla.

— La otra ambulancia acaba de llegar. — Indica uno de los paramédicos antes de salir de la habitación.

— Tranquila, la ayuda ya viene en camino. Vas a estar bien. — Dice el oficial en un tono muy dulce. — Se fuerte, como lo has sido hasta ahora.

El oficial toma mi mano, no deja de mirarme fijamente ni de hacer presión con su otra mano en mi abdomen. Poco a poco comienzo a sentir un pesar en mis parpados, me siento muy débil, todo comienza a nublarse, las palabras del oficial retumban en mis oídos una y otra vez.

— Quédate conmigo, no te duermas. — Dice el oficial Lawrence agitando mi mano.

Ahora todo está oscuro, en lo único que puedo pensar es en mi hermano, tengo la esperanza de que va a estar bien, ya estamos a salvo, pero ¿Y mis padres? ¿Qué hay de ellos? ¿Están... muertos?

¿Por qué no puedo despertar? Intento moverme, mas es inútil. Vamos Halley abre los ojos, me repito a mí misma. Ahora no siento dolor, solo angustia y desesperación.

Abro los ojos finalmente, miro a mi alrededor confundida, todo da vueltas, mi vista está un poco nublada, estoy en un lugar muy extraño, hay aparatos en todos lados, siento un poco de resequedad en la boca y en la garganta, toso un poco, en ese instante siento algo de dolor en el abdomen, comienzo a recordar todo lo que sucedió en mi casa.

Mi visión se aclara, veo unos cables saliendo de mi brazo, algunos en mi tórax y en mi pecho, hay un tubo de oxigeno debajo de mi nariz, lo retiro de un solo tirón, saco una aguja flexible de mi brazo muy lentamente para no lastimarme, pongo mis manos en la camilla e intento sentarme, pero nuevamente siento un fuerte dolor que me lo impide, me quedo estática un segundo mientras analizo la situación. Un policía entra por la puerta, al verlo intento sentarme de nuevo, sin embargo, me lo impide poniendo sus manos en mis hombros.

— Señorita Messer, por favor no se mueva, iré por el doctor. — Dice el oficial muy nervioso.

— Jonathan. — Digo mientras veo nuevamente a mi alrededor buscando a mi hermano.

El dolor en mi abdomen incrementa, escucho un sonido que va al ritmo de mi corazón, este sonido se vuelve cada vez más fuerte y rápido, llevo mis manos a mi abdomen, siento algo húmedo en ellas, levanto una de mis manos, veo que hay sangre en ella, entro en pánico y me descubro el abdomen para poder verlo, tengo algunos vendajes empapados en sangre.

— Buenas tardes señorita Messer, soy el doctor Perkins. — Dice un sujeto con bata blanca entrando en la habitación. — Veo que se ha quitado la vía de los medicamentos, está bien se la pondremos en un momento.

Al verlo entrar me cubro nuevamente con la sabana para evitar que me vean.

— Agua. — Digo con dificultad.

El oficial toma una botella de agua de la mesa junto a la camilla, la abre y me la da en la mano, tomo la mitad de la botella, ya satisfecha se la devuelvo al oficial, limpio mis labios y mentón con el dorso de mi mano.

— ¿Puede por favor seguir la luz con sus ojos? — Pregunta el doctor muy amablemente sacando una linterna de su bolsillo.

El doctor ilumina mi rostro, sigo la luz con los ojos, como me lo indicó.

— Perfecto. — Dice apagando la luz. — Voy a revisar tus heridas ¿Está bien?

— Si. — Digo insegura.

El radio del oficial hace un ruido, así que sale de la habitación para poder contestar. El doctor me quita las sabanas de encima y la bata, retira delicadamente las gasas una a una, limpia mi abdomen para poder ver las heridas, siento ardor por el antiséptico, flexiono los dedos de los pies muy fuertemente y dejo escapar un pequeño gemido de dolor.

— Lo lamento. — Dice el doctor apenado. — Ya casi termino.

El doctor intenta ser más delicado al revisar los puntos, en cuestión de minutos acaba la inspección.

— Estas sangrando un poco, es normal ya que estas estresada, la enfermera vendrá a limpiar las heridas de nuevo más tarde y a canalizarte de nuevo. — Cubre de nuevo mi abdomen con la bata y la sabana — Te apuñalaron ocho veces, tuvimos que operarte de emergencia, la operación fue un éxito, fuiste muy afortunada; ahora lo único que debes hacer es quedarte en reposo por un tiempo para evitar que las heridas se abran de nuevo.

— ¿Cómo está mi hermano? ¿Puedo verlo? — Digo sin siquiera prestar atención a lo que el doctor acaba de decir.

El doctor cambia el gesto sonriente de su rostro, de pronto se ve sumamente pálido.

— Por ahora concentrémonos en ti, aún estás débil. — Replica evasivo.

— ¿Y mis padres? ¿Están aquí? ¿Sabe algo de ellos? — Pregunto ansiosa.

— No, lo lamento.

El doctor evita a toda costa el contacto visual, sin más sale de la habitación lo más rápido posible.

°°°°°

Cuatro días han pasado desde ese desdichado día, he preguntado tantas veces por mis padres y mi hermano que para este momento las enfermeras y el doctor me dicen lo mismo siempre que entran en la habitación "concéntrate primero en tu salud." Eso me pone de muy mal humor, eso no es una respuesta, es evasión, no entiendo por qué nadie puede contestar a una pregunta tan sencilla, a veces imagino lo peor, que mi familia ha muerto, sin embargo, aún tengo esperanza, estoy consciente de que existe una pequeña posibilidad de que aun estén con vida, tal vez en un estado delicado, pero con vida.

La puerta de la habitación se abre, entra el doctor junto con dos hombres y en la puerta se asoma un rostro conocido, es el policía que estuvo a mi lado hasta que quede inconsciente, esos recuerdos invaden mi mente por un instante, comienzo a recordarme a mí misma tendida en el suelo y a mi hermano a mi lado.

— Halley. — Dice el doctor sacándome de mis pensamientos. — Ellos son el detective Gutiérrez y el detective Carter, están aquí para hablar contigo.

— Señorita Messer, es muy difícil tener que comunicarle esta noticia, pero no voy a andar con más rodeos, sé que quiere respuestas y las tendrá, lamento informarle que sus padres y su hermano — El detective aclara su voz y prosigue. — Murieron, los doctores hicieron lo que pudieron para salvar a su hermano, sin embargo, falleció ese día durante la operación. Lo lamentamos, si hay algo que podamos hacer por usted sólo pídalo.

Mi corazón comienza a palpitar cada vez más fuerte mientras se rompe en mil pedazos, siento que me falta la respiración, las lágrimas brotan de mis ojos, llevo mis manos a mi pecho y lloro aún más fuerte.

— No mi hermano. — Digo con la voz temblorosa. — El no.

— Encontraremos a los responsables. — Dice el otro detective intentando reconfortarme, aunque es inútil.

Grito y lloro tan fuerte que las máquinas que están conectadas a mi comienzan a hacer ruidos muy fuertes.

— Enfermera. — Grita el doctor. — Hay que sedarla.

El oficial observa la escena desde la puerta, lleva su mano hacia su boca y se hace a un lado para dejar pasar a la enfermera, me observa atentamente mientras hago lo posible para qué no me inyecten, quito la vía de administración de medicamentos de mi brazo, siento un fuerte pinchazo en mi brazo, la enfermera logra inyectarme el sedante en el brazo, siento un enorme pesar en los parpados, lucho para no quedarme dormida, sin embargo, todo se desvanece en ese instante.

°°°°°

Los detectives salen de la habitación, el oficial Lawrence observa a Halley mientras el doctor y la enfermera la revisan detenidamente.

— Necesito suturar nuevamente dos heridas. — Dice el doctor tirando el vendaje a la basura.

La enfermera sale a buscar el equipo, el oficial sin dudar entra en la habitación sin apartar la vista de ella.

— ¿Va a estar bien?

— Si, muy pronto. — Dice el doctor sin dejar de limpiar las heridas. - Lo he visto durante esta semana todos los días sin falta visitándola o custodiando la habitación ¿Puedo preguntar por qué?

— Soy policía, es mi trabajo.

— Eso no explica porque viene a verla aunque haya otro oficial custodiando la habitación.

— Bueno... Creo que todo lo que le ha sucedido es horrible, no puedo imaginar estar en su lugar, debe ser difícil, solo quiero asegurarme de que esté bien.

— Lo comprendo, creo que todos sentimos y queremos lo mismo.

El oficial asiente, luego de unos segundos de silencio sale de nuevo al pasillo, se sienta en el suelo cabizbajo, toma su celular, lo ve por un largo minuto sin siquiera tener la pantalla encendida.

— ¿Qué hay Lawrence?

El oficial McDowell acaba de llegar con un par de cafés, el otro oficial levanta la cabeza para mirarlo, no dice nada, solo se queda allí estático esperando a que diga algo.

— El detective Carter me dijo que estabas aquí ¿Quieres uno? — Le da uno de los cafés antes de sentarse junto a él.

— Gracias. — Dice tomando un sorbo.

— No hay de qué. ¿Cómo está la chica?

— Tuvieron que sedarla.

— ¿Así de mal? No imagino lo que sintió al enterarse, es demasiado para cualquiera. — Suspira con pesar.

— Nadie la entiende más que yo, creo que me conecte emocionalmente con el caso, lo mejor será que trabaje en otra cosa.

— ¿No quieres ayudar a la chica?

— Claro que sí, lo hare no interfiriendo en el caso, no lo sé McDowell ¿Y si omito algo? ¿Qué pasa si me involucro tanto que no pueda dormir pensando en ello? ¿Si me equivoco y alguien inocente va a la cárcel? ¿O si no logro atrapar al responsable? ¿Cómo me sentiré con todo eso? ¿Podre lidiar con eso?

— Encontraremos a los responsables Lawrence, nos asignaron a este caso, tenemos que hacer las cosas bien, aunque no me agrades.

— Gracias. — Dice con sarcasmo. — Desearía saber dónde está Joseph, no ha venido a trabajar en varios días.

— Debe estar de viaje con su hija.

— No lo creo, me lo habría dicho de ser así. Es muy raro, somos amigos desde la academia, siempre hablamos sobre todo.

— ¿Comparten sus secretos de chicas? — Se burla.

— Cállate McDowell. Ya vámonos, necesito dormir un poco y pensar en todo esto.

°°°°°

Los días continúan pasando como si nada en aquella habitación del hospital, mi familia fue asesinada hace poco más de una semana, aún lloro sin consuelo alguno, solo puedo pensar en que no pude salvar a mi hermano, no cumplí mi promesa de mantenerlo a salvo, pude haber hecho más, pero fui una idiota, mi mente se bloqueó en ese lapso de tiempo, pudimos haber saltado desde su ventana o pude haber llamado antes a la policía, tal vez si hubiese hecho eso mi hermano estaría vivo ¿Por qué no pude morir yo en vez de mí hermano?

La enfermera entra en la habitación para cambiar el suero, detesto las agujas ¡Duelen tanto!

— ¡Auch! Con cuidado. — Digo quitando el brazo de la mano de la enfermera.

— Lo lamento señorita, se salió la vía de su lugar tendré que volver a canalizarla. — Dice tomando mi brazo nuevamente.

— Esta bien. — Digo viendo hacia otro lado.

Es una enfermera muy amable, pero algo torpe, una vez me colocó la dosis de medicamento equivocado y el otro día me inyectó el medicamento del hombre de la habitación del lado, era un sedante muy fuerte así que dormí mucho ese día, a veces me presta su IPod para que escuche música; estar en el hospital me resulta monótono y, por ende, aburrido, aunque la mayor parte del tiempo lloro hasta quedarme dormida y pienso en cómo sería todo si mi familia estuviera aquí. Jonathan estaría en aquella esquina jugando videojuegos, mi padre... bueno, mi padre estaría trabajando arduamente como siempre y mi madre, ella estaría junto a mi, me diría que todo va a estar bien, que no tenga miedo, pero ella ya no está aquí para decirme algo como eso.

La enfermera nunca abre la ventana de la habitación excepto hoy, el aire acondicionado del hospital se arruinó por lo que hay mucho calor; así que abrió la ventana para que la habitación se refresque un poco.

— No vayas a escaparte. — Dice la enfermera riendo.

— Claro que no. — Digo riendo con ella.

El trabajo de la enfermera ha terminado por ahora, así que sin más se retira de la habitación, el ambiente en el hospital es tranquilo, ayer me trasladaron a esta nueva área recién remodelada del hospital, está en el primer piso, no parece haber muchos pacientes aquí, ni siquiera tanto personal médico, al apagar el televisor el ambiente se vuelve aún más silencioso y frío, un par de pasos se escuchan afuera en el pasillo, quizás la enfermera olvidó algo.

— ¿Estás seguro que este es el lugar?

— Sí dijeron que estaba aquí, no especificaron la habitación.

— Bien, comencemos a buscar en las habitaciones del fondo, la chica debe estar por aquí, nada de escándalos, solo entramos y salimos.

— Sí, sí. No tienes porque repetirlo, debemos decirle que somos de la policía y estamos buscando a Hanna.

— Halley. — Lo corrige. — No lo estropees.

Aquellos hombres siguen su camino, los pasos se escuchan cada vez más lejos. Quito la aguja de mi brazo haciendo un gesto de dolor, me siento con mucho cuidado en el borde de la camilla, ahora es menos doloroso sentarse, pongo los pies en el helado suelo, me levanta poco a poco con la ayuda de una mesa junto a mí, es la primera vez que me levanto en mucho tiempo, mis piernas tiemblan y caigo al suelo, me apoyo en la camilla para poder ponerme de pie, siento un poco de mareo así que espero un segundo para poder estabilizarme, camino aun tambaleándome, al llegar a la puerta la abro solamente lo suficiente para poder ver los alrededores, en el mostrador no hay nadie, ni el médico ni las enfermeras, demonios, digo en voz baja mientras cierro la puerta sin hacer un solo ruido, le pongo llave para que así nadie pueda entrar. ¿Qué hago? Mis temblorosas manos y el nudo en la boca del estómago son claros indicios de que me siento en peligro ¿Qué querrán esos hombres? Estoy muy segura de que no son de la policía ¿Que querrán de mí? No, no voy a quedarme para averiguarlo. Voy hasta aquel pequeño ropero, dentro hay una mochila, es en definitiva mi mochila ¿Quién la habrá traído aquí? Al abrirla encuentro ropa limpia, definitivamente es mía, es raro, todo esto estaba en mi casa, aun así dejo todas esas dudas de lado, debo salir pronto de aquí. Me visto lo más rápido que puedo y por supuesto, con mucho cuidado de no lastimarme.

Busco el frasco de analgésicos que me da la enfermera, saco algunos y los pongo en una bolsa plástica que encontré en la mesa junto a la camilla. Arrastro una silla hasta la ventana, me paro en ella para poder llegar a la ventana, veo hacia afuera, el estacionamiento está despejado, me siento en el borde y veo hacia abajo, es el primer nivel así que no será difícil, me dejo caer, caigo entre unos arbustos, me quedo recostada un momento para que el dolor en mi abdomen desaparezca por lo menos un poco, me levanto, me pongo la capucha para que no puedan verme el rostro, para mi fortuna un taxi justo está bajando a alguien frente al hospital, así que lo abordo no más se vacía, le doy la dirección de mi casa al nomas entrar, aquel taxista conduce como desquiciado, rebasa autos y pasa los semáforos en amarillo acelerando a fondo, en cuestión de minutos estamos frente a mi casa.

— ¿Podría esperarme? Necesito ir a otro sitio, no tardo. — Digo abriendo la puerta del taxi.

— El contador está corriendo. — Dice el taxista sacando una revista de la guantera.

Con mis heladas manos abro la puerta del taxi para poder bajar, mientras camino hacia la reja comienzo a recordar lo que ocurrió en mi hogar.

— Corre Jonathan.

— Halley ayúdame.

— Por favor, no le hagan daño.

Mi respiración se agita y mi pulso se acelera, casi puedo ver la escena en mi cabeza, las heridas comienzan a doler nuevamente, siento un nudo en la garganta, mis manos tiemblan y mis piernas se sienten pesadas, no puedo sacar esos pensamientos de mi mente.

Vacilo por un segundo, pero finalmente abro la reja, camino a través del hermoso jardín de mi madre hasta la puerta, intento abrirla, pero está con llave, rodeo mi casa para llegar al patio trasero, saco la llave de repuesto de la maseta que está a la par de la puerta de servicio y la abro. Al entrar veo la cocina detenidamente, todo está igual que la última vez que estuve aquí, me dirijo a la sala, al abrir la puerta veo las manchas de sangre en la alfombra; por un segundo los recuerdo tendidos en el suelo, varias lágrimas recorren mis mejillas, llevo mis manos hacía mi estómago, siento náuseas, respiro profundamente antes de continuar, subo las escaleras, entro a la habitación de mis padres, como siempre su cama está perfectamente arreglada, las flores que mi padre trae cada semana para mi madre están marchitas con poca agua en el florero, busco las joyas de mi madre en su joyero y dinero en las billeteras de mis padres, en una de las gavetas del closet de mis padres hay un celular viejo, quizás en algún momento pueda servirme así que, lo tomo. Voy a mi habitación para contar el dinero, en total tengo $420, tomo una mochila, guardo el dinero y las joyas en una de las bolsa, observo en una esquina de mi habitación la maleta de ropa que traje de la universidad, aún está empacada así que, solo meto un poco más de ropa en la mochila, me quedo sentada en el borde de mi cama por un segundo mirando hacia la nada, sacudo mi cabeza para volver a la realidad, tengo que apresurarme, no puedo estar por mucho tiempo aquí.

Entro al baño de mi habitación, me doy una ducha; cada vez que cierro los ojos veo a mi hermano tendido en el suelo y a los hombres con pasamontañas frente a mí, me siento en el suelo de la ducha dejando al agua correr mientras lloro en silencio, me recuerdo a mí misma que debo ser fuerte y que debo darme prisa, así que salgo de la ducha y me visto. Voy por toda la casa en busca de las fotografías familiares que tenemos, las guardo en la maleta, la cierro y la saco al pasillo junto a mi mochila.

Me paro frente a la habitación de mi hermano, la puerta está cerrada, pongo mi mano en la fría perilla, una horrible sensación recorre todo mi cuerpo, giro la perilla, aun dudando abro la puerta lentamente, lo primero que veo es la sangre que aún hay en el suelo, cierro los ojos, e intento tranquilizarme, busco entre las cosas de mi hermano sus ahorros, el oso de peluche que le regalé hace algunos años en su cumpleaños y la cruz que mi madre le obsequió cuando fuimos a Guatemala.

A mi hermano le encantaba tomar fotografías así que tomo sus rollos aún no revelados y sus fotografías. Busco la cámara por todos lados, en su escritorio, bajo su cama, en su repisa y finalmente la encuentro en su ropero.

Bajo las maletas a la sala, entro a la cocina para buscar en la alacena las barras de cereal, tomo algunas para guardarlas en mi mochila mientras como una.

¿A donde voy ahora? No tengo ni la menor idea de que hacer o a donde ir, podría ir a con la policía, pero... ¿Qué pasa si ellos están con la policía, a demás no harán más que encerrarme o enviarme de nuevo al hospital, estoy harta de ese lugar, ni siquiera me dejaron asistir al funeral de mi familia, eso ha estado remordiendo mi conciencia durante todo este tiempo. Salgo de mi casa, al llegar al taxi aquel señor me ayuda a meter las cosas en el maletero del auto, entro a la parte de atrás para esperar a que el guarde las cosas y entre al auto.

— ¿A dónde la llevo? — Pregunta el desinteresado taxista viéndome a través del retrovisor.

— Al cementerio Our Lady of Mercy por favor.

Después de un tiempo llegamos al cementerio, el cual está algo alejado, cuando el taxista se estaciona se me ocurre que no pasarán muchos taxis por aquí, será mejor pedirle que me espere.

— Sé que son $60, pero voy a darle $100 y le daré cien más si me espera y me lleva a otro lugar.

— En ese caso iré a estacionarme por allá. — Señala el estacionamiento.

— Gracias, ahora vuelvo.

En la recepción compro las flores favoritas de mi madre, rosas blancas con manchas corintas, posteriormente una amable señora me guía hasta el mausoleo donde descansa mi familia.

— Es este, si desea entrar esta es la llave, devuélvala al salir ¿Quién dijo que era? — Pregunta la anciana mirándome de pies a cabeza.

— Halley Messer, soy su hija. — Señalo la tumba de mi padre.

— Lamento mucho su perdida. Si necesita algo solo pídalo.

— Gracias. — Digo con un nudo en la garganta

La señora se marcha del lugar mientras abro la reja, me siento en la banca que esta adentro del mausoleo y comienzo a llorar. Me levanto de la banca y pongo algunas flores sobre la tumba de mi madre, la veo por un momento y lloro recostada en ella. Recuerdo lo último que nos dijimos, yo estaba muy molesta por que no pude salir con mis amigas por quedarme a empacar para el viaje, mi madre me abrazó fuertemente y besó mi frente.

— Cuando seas mayor entenderás. — Dijo mi madre con una dulce voz.

Continúo caminando hasta la tumba de mi padre y coloco algunas flores.

— Necesito su apoyo en esto, sé que ustedes entienden. Son mis hijos y los amo, por eso tenemos que irnos. —Dijo mi padre muy nervioso sin dar más explicaciones.

— ¿Por qué tenemos que irnos por tanto tiempo? — Pregunta Jonathan muy molesto.

— Se los explicaré al llegar allá.

— Vamos a empacar Jonathan. — Digo yendo a mi habitación un poco molesta.

Camino hasta la tumba de mi hermano, pongo algunas flores sobre su tumba y recuerdo.

— Te amo Halley. — Dice con una voz tenue y entrecortada.

— Yo también te amo. — Digo en voz alta aún frente a su tumba.

Siento un enorme nudo en la garganta, mis heridas comienzan a sangrar, pero no le doy mucha importancia.

Salgo del mausoleo y me arrodillo en el césped, coloco allí las flores que me quedan y respiro profundamente.

— Les prometo que voy a encontrar a quien hizo esto. Lo juro. Haré todo lo que pueda. — Digo con una mezcla de enojo y dolor a la vez.

Me tranquilizo un poco, intento regular mi respiración, mi garganta duele del esfuerzo que hago al llorar, siento que hay algo en mis manos, las abro dejando caer el césped que arranqué en algún momento mientras lloraba, mis ojos ahora están un poco secos, los froto delicadamente para mejorar mi visión y me pongo en pie, mis temblorosas piernas dan pasos pequeños e inseguros.

Veo por última vez las tumbas de mis padres y mi hermano, esto es por mucho lo más difícil por lo que he pasado en toda mi vida, respiro profundamente antes de cerrar la reja del mausoleo para luego limpiar las lágrimas en mis ojos.

Camino hacia la recepción, parece que no hay nadie, solamente está el mostrador con algunas flores sobre él, me inclino para ver si hay alguien en la oficina junto al escritorio, pero no hay nadie, así que dejo las llaves sobre el escritorio y salgo de allí, no sé qué hacer, me duele la cabeza de tanto pensar.

— ¿A dónde iré ahora? — Me pregunto a mí misma mientras camino hacia el taxi. — ¿Quién puede ayudarme?

Mi tía está en Texas y si tomo un vuelo la policía se dará cuenta, quizás pueda ir a casa de Valentina, sus padres podrían recibirme en su casa.

No ¿A quién engañó? Sus padres me entregarán a la policía.

¡Alex! Él vive cerca de aquí y vive sólo, él podrá ocultarme por unos días, solo quiero un par de días de tranquilidad antes de hablar con la policía. Entro al taxi sintiéndome aun desconcertada, dejo salir un pequeño suspiro al aire.

— ¿Todo en orden señorita?

— Si. — Digo aclarando mi voz.

— No parece estar muy bien.

— No he dormido bien eso es todo. — Digo de manera evasiva.

Sin más, le doy la dirección al conductor y se pone en marcha hacía la casa de Alex.

Al llegar le pago al conductor lo que le prometí, él me ayuda a bajar las maletas del taxi, son las 19:40, camino indecisa con mis maletas hasta la puerta, toco lo suficientemente fuerte para que Alex me escuche, todas las luces están apagadas, parece que no hay nadie en casa, me siento junto a la puerta, cierro los ojos por un momento, cuando los abro han pasado diez minutos, creo que me quedé dormida, de pronto una luz me ilumina, me levanto inmediatamente, Alex baja de su auto, me ve confundido, ciertamente soy la última persona que esperaba ver hoy, corro hasta él, lo abrazo fuertemente y rompo en llanto, el me abraza gentilmente mientras acaricia mi cabello.

— ¿Halley que haces aquí? — Pregunta Alex desconcertado.

— Escape del hospital, creo que alguien quería matarme o secuestrarme, no sé que está pasando. — Digo entre sollozos.

— Tranquila. Está bien. Vamos adentro. — Dice limpiando las lágrimas de mi rostro.

Alex camina nervioso, mira hacía su alrededor, al llegar a la puerta la abre, entra a su sala mi mochila y la maleta, cierro la puerta, de inmediato me acerco hacía donde se encuentra.

— Puedes sentarte. — Dice señalando el lugar junto a él en el sofá.

— Gracias.

Me siento de inmediato junto a él mientras me ofrece una sonrisa de empatía, sé que siente lástima por mí.

— ¿Que estás haciendo aquí? No quiero ser grosero, es solo que debes estar con la policía o en el hospital, aún no estás bien.

— Lo sé, si quieres que me vaya me iré, solo dilo.

— No. — Dice poniendo su mano sobre mi antebrazo. — No lo dije por eso, puedes quedarte, no tengo problema con ello.

— Nadie puede saber que estoy aquí, no quiero que me regresen al hospital o que esos hombres me encuentren — Hablo tan rápido que ni yo puedo entender lo que digo.

— Te prometo que nadie sabrá que estas aquí, estás a salvo.

— Gracias. Lamento haber venido tan tarde, no sabía a donde ir. — Digo sin hacer contacto visual con él.

— No te preocupes, puedes quedarte el tiempo que necesites. — Dice con una voz muy dulce.

— ¿Seguro? No quiero molestar. — Digo un poco más tranquila.

— Claro, no es ninguna molestia. — Dice con una modesta sonrisa. — ¿Cómo estás?

No sé qué decir, la pregunta es algo tonta ¿Cómo podría sentirme después de que mi familia fue asesinada? Así que solo bajo la mirada, mi rostro expresa mi tristeza, de eso estoy segura.

— Lo siento fue una pregunta obvia, no quería...

No lo dejo terminar, lo abrazo fuertemente y comienzo a llorar, mis lágrimas caen sobre su hombro, Alex me ofrece su pañuelo, lo tomo y limpio mis lágrimas.

— ¿Ya cenaste? — Dice con preocupación.

— No. — Digo en un susurro.

— Déjame prepararte algo.

— Estoy bien. — Digo intentando no aprovecharme de su hospitalidad.

— No era una pregunta. — Dice caminando hacia la cocina.

Lo sigo hacia su cocina, me sorprende lo ordenada y limpia que está, lo observo desde la puerta mientras me prepara la cena.

— ¿Qué quieres tomar? Hay fresco de frutas y unas sodas.

— El fresco está bien. — Digo tímidamente.

Alex toma un vaso de vidrio, me sirve un poco de fresco, toma el plato con mi comida y lo lleva a la sala.

— Listo. — Dice sonriente. — Buen provecho.

— Gracias.

Me siento en el sofá, como muy rápidamente, no he comido nada desde el desayuno, es muy agradable comer una comida con la cantidad correcta de azúcar o sal, me levanto para ir a lavar los platos, pero Alex me detiene y vuelvo a sentarme.

— ¿Quieres algo más? — Pregunta Alex tomando los platos.

— Estoy bien.

Hay un silencio incómodo, me acomodo en el sofá, las puñaladas por alguna razón están doliendo cada segundo un poco más, hago un gesto de dolor, Alex me ve con preocupación.

— ¿Pasa algo Halley? — Pregunta curioso.

— No nada, estoy bien. — Miento.

— Te conozco Halley sé que te sucede algo.

— No es nada, solo me duelen las heridas, creo que me lastimé un poco cuando caí de la ventana. — Digo tocando mi tórax con mis manos.

— ¿Te tiraste desde una ventana en ese estado?

— Si. — Digo con una sonrisa nerviosa. — Estaba en el primer nivel del hospital, solo salté.

— Nunca imagine que fueras capaz de hacer eso. — Dice negando con la cabeza. — Sabes que pudiste haberte lastimado mucho.

— Lo sé, pero estoy bien.

— ¿Quieres unas pastillas para aliviar el dolor?

— No, yo tengo. Tomé unas del hospital antes de irme. — Digo mostrándole las pastillas.

— Bien, te traeré más agua. — Dice caminando hacía su cocina.

Poco tiempo después regresa con el vaso de agua.

— Gracias Alex. — Digo recibiendo el vaso.

Tomo las pastillas, posteriormente bostezo, estoy muy cansada, este ha sido un largo día.

— Ahora necesitas dormir — Dice Alex al notar mi cansancio. — Ven, dormirás en mi habitación. — Dice extendiendo su mano para ayudarme a ponerme de pie.

— Puedo dormir aquí, tu sofá es muy cómodo.

— Ni de chiste, dormirás en mi habitación.

— ¿Dónde dormirás tú?

— En el cuarto de huéspedes, de eso no te preocupes. — Dice dulcemente.

Alex lleva mis maletas hasta su habitación, lo veo desde la puerta mientras arregla su cama.

— Si necesitas algo estaré justo enfrente. Hay más sabanas y almohadas en el closet. Si quieres ver televisión el control está en la mesa de noche. — Dice señalando.

— Gracias, buenas noches Alex. — Digo sentándome en el borde de su cama.

— Descansa. — Sonríe.

Alex sale por la puerta cerrándola detrás de él. Saco mi cepillo de dientes de mi maleta, voy al baño, me lavo los dientes mientras me veo en el espejo, mis ojos verdaderamente están hinchados de tanto llorar, regreso a la habitación, me pongo mi pijama con un tanto de dificultad, voy hacia el interruptor de la luz, apago las luces, camino rápido hacia la cama, metiéndome debajo de las sabanas, dormir es imposible, doy vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño, no hago más que pensar en mi familia, pienso en ellos hasta que finalmente me quedo dormida.

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