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27 Lágrimas

---Louis---

En la mañana me levanté un poco más temprano porque no podía dormir, seguía recordándola a cada momento, fui al gimnasio que tiene mi casa en la planta baja y me puse a correr mientras veía las noticias, ahí me enteré de que una empresa de televisión estaba teniendo problemas financieros, esta era mi oportunidad, apague la máquina y mientras secaba el sudor de mi rostro llame a Sebastián.

-Louis ¿acaso no duermes? entiendo que estés enojado porque te estuvimos molestando un poco ayer con lo de tu mujer, pero soy un ser humano y una de mis necesidades es descansar. - Dijo mi amigo con voz ronca y apagada.

- ¿Cariño? ¿Quién es? - Se escuchó una voz adormilada de una mujer.

-Es Louis cariño. Ven duerme de nuevo. - Dijo Sebastián con voz dulce.

-Vuelve a dormir, hoy entra más tarde a trabajar, llega a las 10.- Dije e inmediatamente colgué la llamada antes de que comenzará con sus bromas de mal gusto.

Salí del gimnasio y pasé hacia la cocina en donde encontré a las personas que trabajaban en mi casa.

-Buenos días, señor Truswell. - Dijeron todos al unísono.

Asentí con la cabeza y tomé una botella con agua del refrigerador, sentía como me miraban y me di cuenta de que me iban a decir algo, así que me senté en la mesa, cosa que les tomó por sorpresa.

- ¿Tienen algo que decirme? - Dije mientras tomaba agua.

-Si señor. - Dijo la señora que cocinaba mientras trataba de abrir un frasco por lo que me levanté y le pedí que me lo diera para destaparlo, ella me lo dio y una vez abierto se lo regresé.

-Por favor díganme que tienen que decirme. - Dije mientras tomaba asiento.

-¡Hermano!, ¿Qué haces aquí?. Te busqué en tu habitación y no te encontré, Sebastian me dijo que le diste permiso para llegar tarde así que pensé que estabas enfermo. - Dijo Joseph mientras tomaba una manzana y se sentaba a mi lado.

-Estoy bien. - Dije haciéndole una seña para que se callara. – Perdón, continúe por favor. - Miré a la señora quien asintió con la cabeza.

-Señor, estamos muy agradecidos mi familia y yo por trabajar con usted tantos años, pero nos es imposible seguir prestando nuestros servicios… ehh… verá es que mi esposo, el guardia de esta casa está enfermo y decidimos ir a vivir a nuestro pueblo con nuestros hijos, lo lamentamos, nosotros tenemos que irnos hoy o mañana para poder establecernos en la casita que vamos a rentar. -

-No se preocupe, entiendo la situación, agradezco su sinceridad y su tiempo trabajando aquí para mi, pueden irse en cuanto estén listos, sin embargo…- Joseph se atragantó con la manzana pensando que los castigaría o los trataría mal así que volteé para que se quedara quieto. -No puedo dejar que mis empleados se vayan así como así, por favor déjeme pagarle por sus servicios y su buen trabajo por estos años, en el banco se les depositará lo correspondiente a cada uno de ustedes, usted y su familia son los únicos que trabajaban para mi y cuidaban de esta casa, sé de dónde son así que desde hace un tiempo me tomé la libertad de elegir una casa para ustedes, para que puedan vivir cómodamente, si necesitan algo en algún momento pueden recurrir a mi.- Dije mientras me levantaba y los dejaba en la cocina.

-¡Joven, muchas gracias! Usted es una persona tan buena, no nos arrepentimos de trabajar para usted todos estos años, ¡Gracias! - Dijo la señora mientras lloraba y abrazaba a su familia.

Giré y les sonreí dejándolos ¿impresionados?, así que decidí ir a mi despacho, oí pasos detrás de mí y supe que era Joseph, cuando llegamos al despacho mi hermano me abrazó mientras lloraba.

-¡Hermano eres tan bueno!, a veces pensaba que eras calculador, serio y que no tenias corazón por lo frió que puedes llegar a ser, estaba equivocado, tienes un alma tan pura.- Dijo mientras lloraba sin control, lo cual me recordó que cuando él era un niño siempre corría a mi y lloraba mientras que yo le daba palmaditas en la espalda, así que decidí hacerlo pero cuando lo hice el me miro con sus ojos rojos e hinchados y lloró aun mas. Su reacción fue tan graciosa que no pude evitar reír.

-Has hecho mucho por mí, gracias, Joseph. - Dije mientras le daba palmaditas en la espalda para que se tranquilizará. – ¿No se supone que eres un hombre que no llora? o eso me dijiste cuando tenias 10.- Dije mientras sonreía.

-Es que… tu…- Dijo mientras se limpiaba las lágrimas.

-Está bien, puedes llorar delante de mí, yo siempre cuidaré a mi hermanito. - Una vez que terminé de decir eso él volvió a abrazarme. – Vamos a comer que tenemos un nuevo trabajo.-

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